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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://caponnetto.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>Campanas de tierra y cielo</title><description>Un pensador de la Hispanidad</description><link>https://caponnetto.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>El desaf&#xED;o de la esperanza Cristina</title><link>https://caponnetto.blogia.com/2006/062210-el-desafio-de-la-esperanza-cristina.php</link><guid isPermaLink="true">https://caponnetto.blogia.com/2006/062210-el-desafio-de-la-esperanza-cristina.php</guid><description><![CDATA[<p>Siete consideraciones</p><p>(Audios de la conferencia)</p><p style="margin-top: 0px; margin-bottom: 0px; text-indent: 49px; text-align: left"><a href="http://www.sancayetanobowen.com.ar/2005/mp3/18kbs/presentacion.mp3">Presentaci&oacute;n</a> </p><p style="margin-top: 0px; margin-bottom: 0px; text-indent: 49px; text-align: left">1. <a href="http://www.sancayetanobowen.com.ar/2005/mp3/18kbs/esper1.mp3">Qu&eacute; es la Esperanza</a> </p><p style="margin-top: 0px; margin-bottom: 0px; text-indent: 49px; text-align: left">2. <a href="http://www.sancayetanobowen.com.ar/2005/mp3/18kbs/espteologal.mp3">La Esperanza: Virtud Teologal</a> </p><p style="margin-top: 0px; margin-bottom: 0px; text-indent: 49px; text-align: left">3. <a href="http://www.sancayetanobowen.com.ar/2005/mp3/18kbs/frutos.mp3">Los frutos de la Esperanza</a> </p><p style="margin-top: 0px; margin-bottom: 0px; text-indent: 49px; text-align: left">4. <a href="http://www.sancayetanobowen.com.ar/2005/mp3/18kbs/esphistoria.mp3">La esperanza e historia</a> </p><p style="margin-top: 0px; margin-bottom: 0px; text-indent: 49px; text-align: left">5. <a href="http://www.sancayetanobowen.com.ar/2005/mp3/18kbs/objeciones.mp3">Objeciones a la Esperanza</a> </p><p style="margin-top: 0px; margin-bottom: 0px; text-indent: 49px; text-align: left">6. <a href="http://www.sancayetanobowen.com.ar/2005/mp3/18kbs/necesidad.mp3">Qu&eacute; necesitamos</a> </p><p style="margin-top: 0px; margin-bottom: 0px; text-indent: 49px; text-align: left">7. <a href="http://www.sancayetanobowen.com.ar/2005/mp3/18kbs/sraesperanza.mp3">Nuestra Se&ntilde;ora de la Esperanza</a></p><p style="margin-top: 0px; margin-bottom: 0px; text-indent: 49px; text-align: left"></p><p style="margin-top: 0px; margin-bottom: 0px; text-indent: 49px; text-align: left"></p><p style="margin-top: 0px; margin-bottom: 0px; text-indent: 49px; text-align: left">Apretando con el bot&oacute;n derecho del rat&oacute;n sobre cada enlace y marcando "guardar destino como" se puede bajar el archivo de sonido al ordenador para oir sin estar "en linea", llevarlo a un lector de mp3, etc...</p>]]></description><pubDate>Thu, 22 Jun 2006 15:23:00 +0000</pubDate></item><item><title>Oraci&#xF3;n al Ni&#xF1;o Jes&#xFA;s Cautivo</title><link>https://caponnetto.blogia.com/2006/062209-oracion-al-nino-jesus-cautivo.php</link><guid isPermaLink="true">https://caponnetto.blogia.com/2006/062209-oracion-al-nino-jesus-cautivo.php</guid><description><![CDATA[<p>T&uacute; que elegiste el encierro<br />en el portal de Bel&eacute;n,<br />que de Herodes fuiste reh&eacute;n<br />y marchaste perseguido.</p><p>Tu a quien daban por perdido<br />con dolor,y al fin te hallaron<br />porque al Se&ntilde;or le confiaron<br />el precio de tu rescate.</p><p>Tu al que en el pecho le late<br />las penas del sojuzgado.<br />O al que yace confinado<br />te entregas como Pan Vivo.</p><p>Mi Ni&ntilde;o Jes&uacute;s Cautivo <br />lib&eacute;rame de este estado. </p><p>T&uacute; que tendr&iacute;as las manos<br />sangrantes por los cerrojos,<br />que te cubrieron los ojos<br />preso del odio y la afrenta.</p><p>T&uacute; que un d&iacute;a a la tormenta<br />ordenar&iacute;as sosiego,<br />para que cese el trasiego<br />y las almas se elevaran.<br />T&uacute; al que el cuerpo encadenaran,<br />movidos de iniquidad.</p><p>T&uacute;, Divina Majestad,<br />por cuya ofrenda pervivo.<br />Mi Ni&ntilde;o Jes&uacute;s Cautivo<br />danos ya tu libertad. <br /></p>]]></description><pubDate>Thu, 22 Jun 2006 14:55:00 +0000</pubDate></item><item><title>Los Cinco Nacimientos de Jesucristo</title><link>https://caponnetto.blogia.com/2006/062208-los-cinco-nacimientos-de-jesucristo.php</link><guid isPermaLink="true">https://caponnetto.blogia.com/2006/062208-los-cinco-nacimientos-de-jesucristo.php</guid><description><![CDATA[<div><p align="left"><br />&nbsp;</p><p align="justify">En la preciosa obrita de Fray Luis de Le&oacute;n, titulada <em>De los nombres de Cristo</em> (Buenos Aires, Poblet, 1946), se nos dice, en un cap&iacute;tulo dedicado a la naturaleza del nombre: &ldquo;trataremos qu&eacute; cosa es esto que llamamos nombre, y qu&eacute; oficio tiene&rdquo;. Y as&iacute; se hace,a lo largo de tres libros notables &ndash;que no son otra cosa que un di&aacute;logo entre Marcelo, Juliano y Sabino- del que dijo Men&eacute;ndez y Pelayo, en su <em>Historia de las Ideas Est&eacute;ticas, </em>que &ldquo;s&oacute;lo con los di&aacute;logos de Plat&oacute;n admiten paralelo, por lo art&iacute;stico y lo luminoso.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero m&aacute;s all&aacute; del valor po&eacute;tico y human&iacute;stico de esta obra (lo que no es poco decir), nos interesa aqu&iacute; la precisi&oacute;n escritur&iacute;stica y teol&oacute;gica, la certeza conceptual con la que educe del nombre <em>Hijo</em>, la afirmaci&oacute;n un tanto chocante del t&iacute;tulo de este trabajo.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&ldquo;Tiene nombre de Hijo Cristo&rdquo; &ndash;dice Fray Luis- &ldquo;porque el Hijo nace, y porque le es&nbsp; a Cristo tan propio, y como si dij&eacute;semos tan de su gusto en nacer que solo El nace por cinco diferentes maneras, todas maravillosas y singulares. Nace seg&uacute;n la divinidad, eternamente del Padre. Naci&oacute; de la Madre Virgen, seg&uacute;n la naturaleza humana, temporalmente. El resucitar despu&eacute;s de muerto a nueva y gloriosa vida para no m&aacute;s morir, fue otro nacer. Nace en cierta manera en la Hostia cuantas veces en el altar consagran aquel pan en su cuerpo. Y &uacute;ltimamente nace y crece en nosotros mismos siempre que nos santifica y renueva&rdquo;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Deteng&aacute;monos en este quinto modo por el que Jesucristo sacia su <em>gusto en nacer. </em></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La gracia es el favor, la gratuidad auxiliadora que el Se&ntilde;or nos otorga para contestar su requerimiento. Es un convite a participar en la vida misma de Dios, a ingresar en la intimidad trinitaria; y es asimismo un llamado sobrenatural al Cielo. La gracia de Cristo sana y santifica nuestra alma pecadora, porque es en cada uno de nosotros la fuente de santificaci&oacute;n, si hemos de decirlo remitiendo a San Juan(Jn. 4,14; 7,38-39).</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute; completa en nosotros lo que El mismo comenz&oacute;, <em>adelant&aacute;ndosenos y sigui&eacute;ndonos</em>, como lo dice bellamente San Agust&iacute;n: &ldquo;Su misericordia se nos adelant&oacute; para que fu&eacute;semos curados; nos sigue todav&iacute;a para que, una vez sanados, seamos vivificados; se nos adelanta para que seamos llamados, nos sigue para que seamos glorificados; se nos adelanta para que vivamos seg&uacute;n la piedad, nos sigue para que vivamos para siempre con Dios, pues sin El nada poemos hacer&rdquo;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo esto le debemos al Quinto Nacimiento de Jes&uacute;s; que es nada menos que el lavarnos y hacernos sarmientos de su Vid, acogiendo tanto el perd&oacute;n como la justicia de lo Alto, &ldquo;porque la justificaci&oacute;n&rdquo; &ndash;se ha ense&ntilde;ado en Trento- &ldquo;entra&ntilde;a el perd&oacute;n de los pecados, la santificaci&oacute;n y la renovaci&oacute;n del hombre interior&rdquo; (Dz.1528).</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le preguntaron capciosamente a Santa Juana de Arco si sab&iacute;a que estaba en gracia. La heroica Doncella de Orleans &ndash;en quien Cristo gustaba nacer predilectamente- dio una respuesta paradigm&aacute;tica: &ldquo;si no lo estoy, que Dios me quiera poner en ella; si lo estoy, Dios me la conserve&rdquo;. Que es como haberle dicho, seg&uacute;n Fray Luis: si ya has nacido en mi por quinta vez, Se&ntilde;or, d&eacute;jame que mi ser se haga cuna y yo desvelo para tenerte siempre. Si a&uacute;n no, no te tardes;conc&eacute;deme la dicha de vivir pesebremente para merecer tu llegada.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Siempre que nos santifica y renueva nace en nosotros</em>. Mas la santidad no es vida ordinaria y defectuosa, como parece seguirse hoy de algunas doctrinas sedicentemente cat&oacute;licas. Es superaci&oacute;n y vencimiento heroico de la existencia ordinaria y mostrenca, huera de virtudes y de batallas, hasta arrebatar el Cielo por asalto, como gallardamente se nos pide en las Escrituras. Es marcha ascendente que no cesa ni concede reposo, pues &ldquo;el que asciende no cesa nunca de ir de comienzo en comienzo, mediante comienzos que no tienen fin&rdquo;, seg&uacute;n predicaci&oacute;n de Gregorio de Nisa, que algo entend&iacute;a de santidades.&nbsp; Y la renovaci&oacute;n aqu&iacute; mentada, de la mano de Fray Luis, no es cambio, sino ratificaci&oacute;n de lo permanente; como se renuevan las promesas del bautismo, o la fidelidad entre los esposos, o el vino fresco en odres viejos.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Qu&eacute;dese Jes&uacute;s entonces, quintamente nacido en nuestras almas; y &ldquo;aguardemos en la Iglesia la gracia de la perseverancia final y de la recompensa de Dios, su Padre, por las obras buenas realizadas con su gracia en comuni&oacute;n con Jes&uacute;s&rdquo;. Otra vez, podemos volver a Trento para recordarlo(Dz.1576).</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero este nuevo Adviento que vivimos, bien permitir&iacute;a contemplar ese segundo nacimiento, de quien &ndash;por Hijo- tanto gusto en nacer manifiesta. <em>Naci&oacute; de la Madre Virgen, seg&uacute;n la naturaleza humana, temporalmente,</em> le escuchamos decir a Fray Luis. Misterio de la Encarnaci&oacute;n del Verbo, ante cuya lumbre &ndash;que eso es el misterio- m&aacute;s valdr&iacute;a enmudecer las palabras humanas por respeto a la sacra inefabilidad. M&aacute;s valdr&iacute;a hacer silencio, porque <em>en medio del silencio de la Noche naci&oacute; la Palabra</em>, y porque la Virgen Sant&iacute;sima es <em>Madre Muda del Verbo que calla.</em></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Digamos apenas lo que desde siempre se dijo. Que en el cuerpo de Jes&uacute;s, Dios que era invisible en su naturaleza se hace visible. &ldquo;Id quod fuit remansit et quod non fuit assumpsit&rdquo;, canta la liturgia romana&nbsp;: &laquo;&nbsp;permaneci&oacute; en lo que era y asumi&oacute; lo que no era&nbsp;&raquo;.</p><p align="justify">Digamos apenas lo que no debe dejar de decirse: que en aquel establo &ndash;de una pobreza genuina que no saben retratar los soci&oacute;logos sino los pastores y los &aacute;ngeles- se manifestaba la gloria del mundo. Desde entonces, hacerse ni&ntilde;o es la condici&oacute;n para entrar al Reino; abajarse, empeque&ntilde;ecerse, filiarse al Verbo Encarnado. Feliz y admirable intercambio &ndash;<em>admirabile commercium</em>, dice la Liturgia de las Horas-&nbsp; por el que Dios se hace hombre para que el hombre se haga Dios.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Bien pudo escribir Bern&aacute;rdez -precisamente en pleno Adviento y extasiado frente al milagro de la Nochebuena en que el Todopoderoso toma las formas fr&aacute;giles de un ni&ntilde;o desvalido- que Dios se le hac&iacute;a hijo en tales circunstancias. Las mismas en que no pod&iacute;a dejar de considerar con temor el desenlace de su propia vida, ni el tiempo irrevocable del fin de los siglos:</p><p align="center">&ldquo;Y te pido que nunca</p><p align="center">me abandones, Dios mio;</p><p align="center">que renuncies a todo</p><p align="center">por quedarte conmigo:</p><p align="center">que te tenga en mis brazos</p><p align="center">como ahora, dormido,</p><p align="center">y que no te despiertes</p><p align="center">hasta el fin de los siglos&rdquo;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y Alfredo Bufano, mirando filialmente a la Virgen en el desvelo de la Navidad, asoci&oacute; dos ideas, naturalmente vinculadas: la &ldquo;humilde y sosegada primavera de quien naci&oacute; la flor m&aacute;s bella y pura&rdquo;, y el fin irremediable, cuyo consuelo es saber que a&uacute;n despu&eacute;s de &eacute;l, podr&aacute; v&eacute;rselo al Se&ntilde;or en plenitud de majestad. &ldquo;Y hazme dormir para que pueda verte&rdquo;, dijo entonces el poeta. O Gonzalo de Berceo, cuando en su espl&eacute;ndida composici&oacute;n <em>&ldquo;De los signos que aparecer&aacute;n antes del Juicio</em>&rdquo;, a la par que describe con maestr&iacute;a las se&ntilde;ales postrimeras de &ldquo;gran pavura&rdquo;, trae a la memoria la dicha inmensa que &ldquo;los &aacute;ngeles del cielo ficieron un d&iacute;a&rdquo; en el pesebre de Bel&eacute;n.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Qu&eacute;dese Jes&uacute;s al fin &ldquo;segundamente nacido&rdquo; en nuestras almas, y ante el milagro de la Navidad, dig&aacute;mosle a Mar&iacute;a:</p><p align="center">Andabas por las calles nazarenas,</p><p align="center">tallo enhiesto de Dios,eterno verde.</p><p align="center">A tu paso los &aacute;ngeles celestes</p><p align="center">levantaban ojivas de azucenas.</p><p align="center">So&ntilde;ando con el Rey de los Amores</p><p align="center">-desde Bel&eacute;n al Centro del Calvario-</p><p align="center">tu vientre cobijaba los milagros,</p><p align="center">tu coraz&oacute;n present&iacute;a los dolores.</p><p align="center">A tu sombra la luz se deshac&iacute;a</p><p align="center">en salmos de alabanzas y loores,</p><p align="center">y el agua del arroyo se olvidaba</p><p align="center">el hilo del camino que segu&iacute;a.</p><p align="center">Madre de Dios, Mar&iacute;a, Flor de flores:</p><p align="center">no nos niegues un d&iacute;a tu mirada.&nbsp;<br /></p></div>]]></description><pubDate>Thu, 22 Jun 2006 14:52:00 +0000</pubDate></item><item><title>Semblanza de Jord&#xE1;n Bruno Genta</title><link>https://caponnetto.blogia.com/2006/062207-semblanza-de-jordan-bruno-genta.php</link><guid isPermaLink="true">https://caponnetto.blogia.com/2006/062207-semblanza-de-jordan-bruno-genta.php</guid><description><![CDATA[<p align="center"><strong>- I &ndash;</strong></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Mi nombre es la bandera jam&aacute;s vista, impaciente de entrar en el combate&rdquo;</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gerardo Diego&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dir&aacute;n las cr&oacute;nicas &ndash;y dir&aacute;n bien- que Jord&aacute;n Bruno Genta naci&oacute; en Buenos Aires, el 2 de octubre de 1909; y que cay&oacute; asesinado por una banda marxista, el <em>ERP 22 de agosto</em>, en la vereda misma de su casa, el domingo 27 de octubre de 1974, rumbo a la Santa Misa. En plena guerra desatada por el Comunismo Internacional contra la Argentina, y militando activamente el ca&iacute;do &ldquo;en el costado limpio de la batalla&rdquo;; esto es, defendiendo a Dios y a su Patria.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dir&aacute;n que curs&oacute;&nbsp; su bachillerato en el <em>Mariano Moreno</em>, y que egres&oacute; <em>fil&oacute;sofo </em>de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad de Buenos Aires, cuando promediaba el a&ntilde;o 1933.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si se quiere seguir la fr&iacute;a l&iacute;nea curricular, anotar&aacute;n los registros que lleg&oacute; a ser Rector de la Universidad Nacional del Litoral, en la que se desempe&ntilde;aba como profesor desde 1935; as&iacute; como lleg&oacute; a ser Rector del Instituto Nacional del Profesorado Secundario, en Buenos Aires, y Director de la Escuela Superior del Magisterio, en esta misma capital. Cargos todos a los que arrib&oacute; en el momento inicial de la triunfante Revoluci&oacute;n de 1943. Cargos todos de los que fue despojado, cuando dicho alzamiento militar traicion&oacute; su quicio cat&oacute;lico y nacionalista, para dar inicio a la larga etapa populista, hegemonizada por uno de los personajes m&aacute;s crapulosos de la historia patria. La aristocracia pol&iacute;tica, intelectual y castrense le confi&oacute; las riendas de la rehabilitaci&oacute;n educacional que la naci&oacute;n necesitaba. La demagogia de los politicastros, los indoctos y los uniformados sin honor ni coraje, le arrebataron esa misma tarea que sensatamente le hab&iacute;a sido confiada. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Casi como un signo de los tiempos que sobrevendr&iacute;an, en 1945, a&ntilde;o de graves derrotas, Genta fue dejado cesante, y desde entonces jam&aacute;s ocupar&iacute;a sitial alguno en la vida p&uacute;blica nacional. Tuvo posibilidades promisorias en el extranjero. Las desech&oacute; para permanecer asido con firmeza a su tierra doliente. Tuvo otros ofrecimientos directivos en el &aacute;mbito universitario. Los rechaz&oacute; arguyendo que deb&iacute;an restituirle primero lo que injustamente se le hab&iacute;a arrebatado<sup>1</sup>. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la pared de su despacho del Instituto Nacional del Profesorado Secundario, hab&iacute;a colocado un retrato de Don Juan Manuel de Rosas. Lo sacaron las hordas que tomaron por asalto dicha casa, el 2 de abril de 1945; claro y triste ment&iacute;s a quienes imaginan lineas hist&oacute;rico-pol&iacute;ticas contempor&aacute;neas presuntamente continuadoras del rosismo. Por la misma &eacute;poca, y movido por similar odio ideol&oacute;gico, sufri&oacute; otro embiste en la Escuela Superior de Magisterio, al que respondi&oacute; con notable entereza<sup>2</sup>. Previamente, en 1941, el mas&oacute;n Silvano Santander, lo hab&iacute;a declarado incurso en las llamadas &ldquo;actividades antiargentinas&rdquo;, grotesca bellaquer&iacute;a que agravia al fiscal, no al acusado. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hito tras hito podr&iacute;amos continuar as&iacute; el relato biogr&aacute;fico, o por mejor decir, y para su gloria, de fracaso mundano tras fracaso mundano, que el &eacute;xito de los h&aacute;biles le fue esquivo y reacio, prefiriendo siempre la soledad en la Verdad al error en compa&ntilde;ia. Soledad aneja a las privaciones,a la c&aacute;rcel, a las persecuciones llegadas en abundancia, sin que se le escucharan quejas, ni mucho menos protestas al cielo.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dir&aacute;n m&aacute;s las cr&oacute;nicas si son minuciosas y gustan de las paradojas. Que Genta tuvo un padre ateo y anarquista, cuyas torvas convicciones busc&oacute; plasmar en el nombre elegido para su hijo. No pudo esta vez la sentencia marechaliana, recibiendo su nombre un destino propio, ajeno y contrario en todo al imp&iacute;o a quien intencionalmente remit&iacute;a la paterna designaci&oacute;n. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Otra paternidad impropia se la dar&iacute;a la universidad reformista, transida de materialismo y de positivismo, con personajes tan funestamente tutelares como representativos, tales Francisco Romero, Alejandro Korn o Jos&eacute; Babini. A su turno &ndash;cuando el disc&iacute;pulo se le iba inexorablemente de las manos- cada uno a su manera intento el &ldquo;rescate&rdquo;. Que tom&oacute; las formas de una ep&iacute;stola admonitoria, de una visita inquisidora o de una tentadora beca en Francia. El rechazaba todo, presintiendo ya una filiaci&oacute;n m&aacute;s alta.&nbsp; Le llegar&iacute;a en 1940, cuando busc&oacute; voluntariamente el bautismo, en la Inmaculada Concepci&oacute;n de Santa Fe. Antes, claro, hab&iacute;a optado por la Cruzada Espa&ntilde;ola, oponi&eacute;ndose a los rojos de alende y de aquende. Y un poco antes a&uacute;n, hab&iacute;a iniciado el derrotero intelectual hacia la Fe, releyendo a los griegos. De la <em>paideia hel&eacute;nica</em> pas&oacute; a la <em>Paideia Christi</em>, misterioso tr&aacute;nsito que no podr&iacute;a explicar en este singular&iacute;simo caso toda la sabidur&iacute;a de un Werner Jaeger. Pero que retrat&oacute; el coraz&oacute;n sacerdotal del Padre Eliseo Melchiori,cuando en las ant&iacute;podas de Niesztche -que le reprochaba a Plat&oacute;n el haber tendido un puente de plata para que la humanidad pasara al cristianismo- se alegr&oacute; de que &ldquo;la admiraci&oacute;n de la muerte de S&oacute;crates&rdquo; hubiera suscitado en Genta &ldquo;una ascensi&oacute;n indescriptible&rdquo;&nbsp; que lo llev&oacute; &ldquo;al comentario estremecedor de las siete palabras de Cristo en la Cruz&rdquo;<sup>3</sup>.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Buenos sacerdotes y laicos notables hicieron lo suyo, muy especialmente en Paran&aacute;. La gracia, como simpre, hizo lo m&aacute;s importante. Su admirado Coriolano Alberini, habr&iacute;a dicho al verlo bautizado, aquello que escribi&oacute; en su <em>Axiogenia</em>: que &ldquo;los valores surgen cuando la vida ha llegado a una conciencia de s&iacute;, y se manifiestan plenamente a la persona humana&rdquo;. Al converso Genta - extraordinario caso argentino de una metanoia personal con universales resonancias-&nbsp; esos valores se le encarnaron en bienes, y tuvo desde entonces la conciencia plena de que cab&iacute;a vertir la sangre en su custodia.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estar&aacute; bien, reiteramos, que las cr&oacute;nicas hagan los suyo y nos aproximen informaciones sobre su vida ejemplar. Pero creemos que a un hombre se lo conoce por sus <em>amores</em>, por su <em>palabra</em>, por su <em>pensamiento</em>, por sus <em>frutos</em> y por su<em> muerte</em>. Acerqu&eacute;mosnos a cada una de estas posibilidades. &nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>-II &ndash;</strong></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Para conocer a un hombre, preg&uacute;ntale lo que ama&rdquo;</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; San Agust&iacute;n</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Genta amaba a Dios Uno y Trino. Al Dios que crea las cosas nombr&aacute;ndolas, al <em>Dios Verdadero de Dios verdadero</em>, como lo defini&oacute; Nicea. Al Dios que en Cristo se hace pobre, sin dejar de ser Rey. A la Iglesia, a la que se hab&iacute;a injertado en la madurez de la&nbsp; vida. Por eso su dolor fue tan grande ante la secularizaci&oacute;n y el falso ecumenismo, ante la cobard&iacute;a de los pastores y la traici&oacute;n del clero, ante la herej&iacute;a progresista y el silencio ominoso de quienes deber&iacute;an haber hablado antes, mejor y m&aacute;s rotundamente.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Amaba a la Patria, bien que no se elige, sino que se hereda y se impone. Bien cuyo &ldquo;perfil esencial&rdquo; calific&oacute; de hispano y de cat&oacute;lico, sin olvidarse de las ra&iacute;ces hel&eacute;nicas y romanas. Por eso fue tambi&eacute;n grande su dolor al constatar la servidumbre en que se hallaba, el caos en que se hund&iacute;a, la noche ru&iacute;n en que se asfixiaba. Y llam&oacute; a los responsables de tan grande mal con adjetivos dur&iacute;simos, convocando a la resistencia y a la lucha, sin renunciar a la esperanza.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Amaba al hogar, porque &ldquo;brinda la intimidad y protege el pudor de los miembros en un ambiente recoleto y vedado para los extra&ntilde;os&rdquo;. Porque &ldquo;all&iacute; y solamente all&iacute;, se atiende el peculiar modo de ser y se perfilan los caracteres. El m&aacute;s fuerte lleva la carga de los d&eacute;biles, y se consuman en silencio los mayores sacrificios&rdquo;<sup>4</sup>. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Amaba asimismo el paradigma del amor cristiano, expresado en la uni&oacute;n de los esposos, en la fidelidad de los amigos, en el cuidado de los hijos, en la lealtad de los camaradas, en el esplendor de los arquetipos, en la promesa de los disc&iacute;pulos, y por sobre todo en su m&aacute;xima expresi&oacute;n:el Verbo mismo, Cristo Crucificado y Resucitado. Por eso su dolor aumentaba si crec&iacute;an, como crec&iacute;an, las expresiones de vulgaridad y de plebeyismo, de ordinariez y de promiscuidad en las costumbres. &ldquo;Cuando nos le&iacute;a y comentaba textos de Castillo de Bovadilla sobre la nobleza, descubr&iacute;a el rostro aut&eacute;ntico de la sociedad, lo que debiera ser por mayor fidelidad a la idea divina&rdquo;<sup>5</sup>.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Amaba la Universidad.&nbsp; Por eso su dolor al verla sin ciencia y sin logos, sin jerarqu&iacute;as ni sabidur&iacute;a humana, hu&eacute;rfana de theoria y sumida en el m&aacute;s burdo ideologismo disociador. <em>Desaristotelizada</em>, para decirlo con un t&eacute;rmino por &eacute;l acu&ntilde;ado, que gustaba repetir y lo condensaba todo. Porque si no est&aacute; Arist&oacute;teles no est&aacute; Occidente. Y si no est&aacute; Occidente no est&aacute; la Unidad del Saber.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dios, Patria y Hogar: la s&iacute;ntesis de sus amores y de sus dolores, la tradicional divisa.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si el Dios amado le era un familiar, por la virtud de la <em>parres&iacute;a</em>. Si la patria amada lo era con amor filial, fraterno y esponsalicio, por la virtud de la <em>pietas</em>; el hogar amado era Iglesia Dom&eacute;stica, por la virtud de la <em>abnegaci&oacute;n</em> sin reservas. All&iacute; lo conocimos, haciendo realidad&nbsp; aquello que Anzo&aacute;tegui dir&iacute;a de Chesterton, otro <em>hombre-vida:</em></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&ldquo;Cre&iacute;a en el milagro del pan y del tocino,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y en la luz clamorosa que se oculta en el vino,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y en el hada Morgana y el guerrero cruzado,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y en la Virgen Mar&iacute;a y en el Verbo Encarnado.</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y llegaba a las cosas, y les daba su nombre,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y las cosas estaban al servicio del&nbsp; hombre&rdquo;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Amaba la Verdad, el Bien y la Belleza, de un modo principal, categ&oacute;rico, dominante. <em>Verdad</em> crucificada, que con San Juan quer&iacute;a izar sobre lo Alto, para que todos la contemplaran (Jn. 12,32). <em>Bien</em> que deseaba extender a sus compatriotas, para quienes reclamaba un &ldquo;trato de honor&rdquo;, cualquiera fuese el puesto o la misi&oacute;n desempe&ntilde;ada; <em>Belleza</em> que empezaba por manifestar en ese decir inigualable, ejercitado como un h&aacute;bito en todas las circunstancias de la vida. Nada menos que Hugo Wast sali&oacute; a reconoc&eacute;rselo: &ldquo;Tiene Usted una prosa rica y profunda, como si fuera de bronce de Corinto, ese rico metal, producto del incendio de la ciudad, en que se fundieron y mezclaron todos los metales, desde el acero de las espadas, hasta el oro y la plata de los vasos sagrados&rdquo;<sup>6</sup>.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Amaba Genta a las Fuerzas Armadas de la Naci&oacute;n, cuyo encomio traz&oacute; en la l&iacute;nea lugoniana. Por eso le estremec&iacute;a de espanto verlas reducidas a un manojo de profesionalistas as&eacute;pticos, conducidas por badulaques, o hueras de una doctrina de guerra contrarrevolucionaria. Por eso no aprob&oacute; nunca que sus integrantes recibieran la orden de enfrentarse clandestinamente contra el terrorismo, o que optaran por combatir a los guerrilleros oculta y aviesamente, con sus mismos m&eacute;todos. &ldquo;No&rdquo;, dijo, &ldquo;esa manera de actuar es inadmisible. Si tiene que defenderse y combatir, el cristiano debe hacerlo en la luz y a cara descubierta, y no desde la sombra y con el rostro encapuchado. Los que tienen que desplegar la lucha armada son los integrantes de las Fuerzas Armadas de la Naci&oacute;n, quienes deben apresar abiertamente a los guerrilleros, juzgarlos p&uacute;blicamente seg&uacute;n las leyes de la guerra, condenarlos p&uacute;blicamente y, si fuese posible, ejecutarlos p&uacute;blicamente&rdquo;<sup>7</sup>. Amaba al fin , si se nos permite la redundancia, todos los modelos egregios del amor cristiano, desde el de los conyuges hasta el de los santos y los h&eacute;roes. Y supo amar la buena muerte, que quiso, pidi&oacute; y ofreci&oacute; a Dios para s&iacute; mismo, siendo escuchado. Porque si algo merec&iacute;a este var&oacute;n singular, era morir en combate.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>- III &ndash;</strong></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p><p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Luchador denodado contra una civilizaci&oacute;n cabal&iacute;stica&rdquo;</p><p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Padre Julio Meinvielle&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Junto con sus amores esenciales, a un hombre, dec&iacute;amos, se lo conoce en segundo lugar por su <em>palabra,</em> su<em> conducta</em> y su<em> estilo.</em></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su <em>palabra</em> ten&iacute;a el peso del acero, la altura de la estrella, la exactitud de la geometr&iacute;a. Urgente y urgida, impetrante y prof&eacute;tica, ora arenga, ora par&aacute;bola, testamento o lecci&oacute;n magistral. Remontaba vuelo, pero sab&iacute;a volver al valle para dilucidarnos las necesarias cuestiones terrenas. Era el Orador del Verbo, el Orador de la Cruz en la dura cuaresma de la patria.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su <em>conducta</em> no conoc&iacute;a dobleces. Fue tenido por unos y otros como principista, intransigente, demasiado duro, excesivamente ortodoxo. Es el modo en que los rectos celebran y agradecen el comportamiento de los hombres eminentes; y es el modo en que los inferiores destratan a quienes no son tan tibios ni tan mediocres como ellos. Le&iacute;da a derechas, le cabe la sentencia de Saint Exupery : &ldquo;amo el agua pura y el vino puro, pero hago de la mezcla un brebaje para castrados&rdquo;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nunca aconsej&oacute; cuidarse. Nunca escogi&oacute; conservar el puesto, ni admiti&oacute; aquellos en todo incompatibles con la extrema coherencia. Nunca sacrific&oacute; la publicidad de la Verdad a la privacidad de los propios intereses. Nunca lo arredr&oacute; saber que los enemigos no perdonan. Prefiri&oacute; vivir un d&iacute;a de le&oacute;n a cien a&ntilde;os de cordero. Eligi&oacute; con Castellani &ldquo;los cien p&aacute;jaros volando al uno en mano&rdquo;. &ldquo;M&iacute; c&aacute;tedra es mi palabra&rdquo;, nos dec&iacute;a. &ldquo;Y tambi&eacute;n es mi vida. Mi palabra me compromete a mi solo. Yo no hablo respaldado por ninguna instituci&oacute;n, ni por ninguna fuerza&rdquo;. En efecto, lo cuidaban los arc&aacute;ngeles. Hasta que ellos mismos, aquel domingo de octubre, le cerraron misericordiosamente los ojos.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su <em>estilo</em> era alegre y optimista, jovial sin desbordes innecesarios, paternal sin afectaciones, afable y vehemente, generoso y caballeresco, galante y expansivo. Y porque s&oacute;lo el humilde est&aacute; en la Verdad, al buen decir teresiano, ten&iacute;a Genta conciencia de sus debilidades y de sus dones. Si no alardeaba por estos &uacute;ltimos, tampoco simulaba no tener las primeras. Del famoso estilo prusiano que retrat&oacute; Spengler, de seguro se le aplican dos atributos: la ordenaci&oacute;n aristocr&aacute;tica de la vida, y el car&aacute;cter que se rige a s&iacute; mismo. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo recuerdo entreg&aacute;ndome un valioso libro revisionista, que sac&oacute; de su biblioteca, para que yo pudiese replicar la zoncera de un profesor. Cuando quise restitu&iacute;rselo, me dijo apenas &eacute;sto: &ldquo;yo no te lo he pedido&rdquo;. Y comprend&iacute; que era un regalo. Lo recuerdo manuscribi&eacute;ndome la <em>Oraci&oacute;n del Paracaidista Franc&eacute;s</em>, para que supiera qu&eacute; cosas conviene pedir y cu&aacute;les no. Lo recuerdo en un and&eacute;n de Constituci&oacute;n, esperando un tren del interior que no llegaba nunca, desplegando una lecci&oacute;n magn&iacute;fica sobre el ejercicio de la paciencia. Lo recuerdo recitando a Baldomero Fern&aacute;ndez Moreno, ante el nacimiento familiar de&nbsp; una sobrina llamada Marcela.&rdquo;&iexcl;Marcela, nombre de pastora y de princesa!&rdquo;, repet&iacute;a entonces con su voz bizarra. Casi como los hex&aacute;metros de Homero,o los pareados del juglar cidiano, pod&iacute;a improvisar y reiterar musicales frases ante determinadas situaciones.&nbsp; Era su cultivo de la eutrapelia. Lo recuerdo enoj&aacute;ndose en una reuni&oacute;n dom&eacute;stica, por haber preferido la gaseosa al vino, asegur&aacute;ndome que esas&nbsp; conductas ser&iacute;an penadas severamente en tanto ocupase la primera magistratura. Lo recuerdo una tarde veraniega, en una casaquinta, intentando unos fugaces malabares futbol&iacute;sticos, ante el tierno reproche de su mujer, que lo pon&iacute;a en aviso sobre el ineluctable paso de los a&ntilde;os. Lo recuerdo erguido, enorme, protector, recibi&eacute;ndome con mi futura esposa en el escritorio de su casa. Lo recuerdo &ndash;y no quiero olvidarlo nunca- cuando desplegaba su arte ret&oacute;rica, y las voces se hac&iacute;an plegar&iacute;a y poes&iacute;a, saetas y tacuaras, laureles y tambores. &ldquo;Nada grande en la vida se ha hecho sin pasi&oacute;n&rdquo;, repet&iacute;a con Hegel. La tuvo ordenada al logos, y por eso mismo fue hacedor de cosas grandes.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En tercer lugar, un hombre se conoce por su pensamiento.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Genta pensaba &ndash;y lo reiter&oacute; en su &uacute;ltima conferencia- que &ldquo;lo que necesita un pueblo es teolog&iacute;a y metaf&iacute;sica&rdquo;. Casi lo que hab&iacute;a dicho Don Juan Manuel en su austero destierro, mate en mano: &ldquo;lo primero que necesitan los pueblos es la calma y el silencio&rdquo;.&nbsp; Pensaba que una &iacute;ntima juntura une a la polis con el alma, no si&eacute;ndole indiferente a aquella el&nbsp; movimiento ascendente o descendente de &eacute;sta. Pensaba que en materia antropol&oacute;gica s&oacute;lo queda una opci&oacute;n de hierro: &ldquo;un hombre dominado por sus impulsos y pasiones, o un hombre libre, que vive como San Francisco, muere como S&oacute;crates, se destierra como San Mart&iacute;n, desface entuertos y venga agravios como Don Quijote, o colma su vigilia de serena sabidur&iacute;a, como Arist&oacute;teles&rdquo;<sup>8</sup>.&nbsp; Pensaba en suma, que las dos banderas y las dos ciudades lo recorren todo, oblig&aacute;ndonos a optar a cada paso. Los sofistas o el fil&oacute;sofo, las ideolog&iacute;as o la Idea, el Manifiesto Comunista o el Serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a, la escuela laica o la Pedagog&iacute;a del Verbo, el ideal utilitarista o la preeminencia de la vida contemplativa, la concepci&oacute;n burguesa de la existencia o la consigna de Job, la trilog&iacute;a jacobina o las tres virtudes teologales, la habilidad o la sabidur&iacute;a, la masa o los arquetipos, la vida c&oacute;moda o el combate, la Revoluci&oacute;n Mundial Anticristiana o la Doctrina de Guerra Contrarrevolucionaria; el populismo clasista y socialista o &ldquo;un nacionalismo cat&oacute;lico y restaurador, jer&aacute;rquico e integrador, cristiano y argentino en su contenido y en su estilo&rdquo;<sup>9</sup>.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como se advierte, el pensamiento de Genta, no se limitaba s&oacute;lo al orden pol&iacute;tico, y aunque fue el &aacute;mbito en el que m&aacute;s repercusi&oacute;n tuvo, o por el que mayormente se lo conoce, la verdad es que se prodig&oacute; en otras disciplinas, tales la psicolog&iacute;a, la filosof&iacute;a, la teolog&iacute;a, la sociolog&iacute;a y la metaf&iacute;sica. Tengo ante mis ojos un cuaderno suyo, manuscrito, con las cien primeras p&aacute;ginas de un&nbsp; <em>Tratado de Cosmolog&iacute;a</em>, que qued&oacute; trunco e in&eacute;dito. Sus reflexiones iniciales son sobre Her&aacute;clito, las &uacute;ltimas que lleg&oacute; a escribir trazan un cuadro comparativo entre Santo Tom&aacute;s y Duns Escoto. Con justicia pues,valor&oacute; filos&oacute;ficamente su obra nuestro admirado Alberto Caturelli, quien lo llam&oacute; &ldquo;caudillo socr&aacute;tico cristiano&rdquo;<sup>10</sup>. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo este tesoro de sabidur&iacute;a cl&aacute;sica, tradicional y cat&oacute;lica, lo desplegaba Genta en su casa, despojado que fuera como vimos, de cualquier apoyo institucional o de respaldos estructurales. En esa casa pod&iacute;a encontr&aacute;rselo, trabajando austeramente durante largas horas. Al verlo as&iacute;, volcado sobre sus papeles y libros, era imposible no traer a la memoria esa descripci&oacute;n que hiciera Jos&eacute; Antonio de la figura de Mussolini,cuando lo visitara en Roma. Estaba firme, &ldquo;laborioso junto a su l&aacute;mpara, velando por su patria, a la que escuchaba palpitar desde all&iacute; como a una hija peque&ntilde;a&rdquo;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En ese mismo &aacute;mbito se vel&oacute; su cuerpo, ya sin vida. En la cabecera del ata&uacute;d, la imagen de la Virgen, con un sable a sus pies. A la diestra una lanza, ensortijada con la cinta federal y el bander&iacute;n argentino. Sobre su pecho amortajado, once rosas de sangre m&aacute;rtir, que se negaban a cicatrizar. Era el icono mismo del nacionalismo cat&oacute;lico, el emblema de la victoriosa muerte martirial. Como en Jalisco, en La Vand&eacute;e o en Alicante, pero en la Ciudad de la Sant&iacute;sima Trinidad, con nosotros de emocionados e indignos testigos.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>- IV &ndash;</strong></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Por los frutos los conocer&eacute;is&rdquo;</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mt. 7, 16&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En cuarto lugar, si no hemos perdido el&nbsp; hilo de este relato, dec&iacute;amos que un hombre se conoce por sus frutos. Delicada cuesti&oacute;n.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se ha dicho muchas veces que esta concepci&oacute;n de la vida, de la pol&iacute;tica y del magisterio que propiciaba Genta, resulta est&eacute;ril a causa de su principismo, de su aferramiento a la theoria, de su ninguna inserci&oacute;n pr&aacute;ctica o aplicabilidad inmediata. Se ha dicho que su pr&eacute;dica era inmovilista, en tanto rechazaba la praxis partidocr&aacute;tica, la acci&oacute;n p&uacute;blica en alguna de las variantes que el R&eacute;gimen ofrece. Sin embargo &mdash;y he aqu&iacute; la paradoja que quer&iacute;amos resaltar&mdash; por ser cabalmente un <em>theorico</em>, era el hombre que mejor dispon&iacute;a al obrar. No al hacer, a la mera empiria o a las componendas y enjuagues, pero s&iacute; a las conductas coherentes, osadas, viriles. A las cruzadas, si fuera menester. Por eso - y es curioso c&oacute;mo el enemigo reivindic&oacute; sin querer el orden natural- cuando el terrorismo marxista se resolvi&oacute; a matar a nacionalistas cat&oacute;licos, empez&oacute; por Genta, por la cabeza, por el Maestro. Empez&oacute;, como corresponde, por el logos. El <em>inmovilista</em> era el que les perturbaba, precisamente porque con su ideario estable y perenne pon&iacute;a en movimiento las inteligencias y los corazones. Los otros, los praxe&oacute;logos de toda laya, ubicuidad y oportunismo, los publicistas de la conveniencia de la contemporizaci&oacute;n, los propagandistas de las ventajas que trae el &ldquo;infiltrarse en el sistema&rdquo;, los componedores de mil fintas para obtener alg&uacute;n cargo, los eternos justificadores del arribismo, jam&aacute;s fueron molestados. Sabedora es la refranera p&oacute;lvora de que ella nunca debe gastarse en chimangos.&nbsp; </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En sus ense&ntilde;anzas, sol&iacute;a reparar Genta en un texto de Hegel, en el cual, m&aacute;s all&aacute; de los extrav&iacute;os, el vigoroso pensador alem&aacute;n acierta magn&iacute;ficamente. Es aquel extraido de las <em>Lecciones sobre Historia de la Filosof&iacute;a</em> en el que se afirma que si alguna necesidad de defensa tuviera la &ldquo;utilidad&rdquo; de la filosof&iacute;a especulativa, bastar&iacute;a acercarse a las haza&ntilde;as y a las gestas de Alejandro, el gran disc&iacute;pulo de Arist&oacute;teles: &rdquo;la grandeza de esp&iacute;ritu y las grandes empresas de Alejandro son el m&aacute;s elevado testimonio del &oacute;ptimo resultado y del esp&iacute;ritu de tal educaci&oacute;n (contemplativa), si Arist&oacute;teles tuviera necesidad de tales testimonios. El s&oacute;lo hecho de haber formado a Alejandro basta para disipar todas las charlas acerca de la inutilidad de la filosof&iacute;a especulativa&rdquo;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y bien, algo an&aacute;logo cabe decir de Jord&aacute;n Bruno Genta. Y no lo decimos nosotros, lo reconoce expresamente el enemigo. Cada vez que se detecta o se teme una reacci&oacute;n heroica, extrema, audaz, contra la subversi&oacute;n marxista, la subversi&oacute;n econ&oacute;mica o la que fuere, empieza a circular el fantasma de Genta, como inspirador, te&oacute;rico o doctrinario de tama&ntilde;as actitudes. Cada vez que se sospecha o se quiere instalar la sospecha de un levantamiento castrense, se saca a relucir la peligrosidad del <em>gentismo</em>. Cada vez que se publica un libelo contra la militancia nacionalista, es Genta quien se lleva las palmas de los odiados y temidos. Cada vez que en los institutos militares se efect&uacute;an las consabidas requisas bibliogr&aacute;ficas, de Genta son los libros prohibidos y confiscados. Y cada vez que se busca una explicaci&oacute;n de esa epopeya gloriosa qu&eacute; fue la guerra a&eacute;rea en las Malvinas, vuelve a sonar el nombre de Genta, no s&oacute;lo en boca de los pilotos m&aacute;s valientes, sino tambi&eacute;n en boca de los ingleses que han tenido que reconocerlo sin eufemismos. Abrase con alborozo, a modo de ejemplo, el libro de P. Eddy, M.Linklater y otros periodistas ingleses, titulado <em>The Falklands War,</em> editado en Londres, en 1982, y traducido al castellano como <em>Una cara de la moneda</em>. En el cap&iacute;tulo diecisiete, titulado <em>El mirlo y el halc&oacute;n</em>, dicen claramente estos se&ntilde;ores, que las convicciones espirituales de los pilotos argentinos para lanzarse a la desigual batalla con el arrojo y la pericia con que lo hicieron, las fueron recibiendo del magisterio de Genta &ldquo;autor prol&iacute;fico, que defend&iacute;a la devoci&oacute;n no a la Constituci&oacute;n sino a Dios y a la Patria&rdquo;<sup>11</sup>.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los denostadores de los te&oacute;ricos, los cr&iacute;ticos de los principistas, los de lengua f&aacute;cil para enjuiciar purezas doctrinales desde sus maridajes ideol&oacute;gicos, deber&iacute;a reparar siquiera un instante en el valor de este ejemplo y en el ejemplo de este valor. Resuenan todav&iacute;a sus palabras, entre aquellos que no se rindieron: &ldquo;Si queremos liberar a la Patria en Cristo y nuestra opci&oacute;n pol&iacute;tica es el Nacionalismo cristiano, debemos comenzar por nuestra libertad interior, renovando los afectos, bienes y poderes en Cristo Crucificado. Desprendidos del propio yo y de todo lo que poseemos, amaremos a la Patria y al pr&oacute;jimo con un amor trascendente, despojado de todo car&aacute;cter posesivo y que no busca nada suyo. Amaremos como Cristo nos am&oacute;, con una disponibilidad sin reservas para el servicio y con un esp&iacute;ritu de sacrificio que todo lo da sin esperar nada. Tan s&oacute;lo as&iacute; venceremos al mundo como lo venci&oacute; Cristo. No tendremos en cuenta el &eacute;xito, sino el testimonio de la verdad y el ejemplo de los hacedores de la Verdad. El Nacionalismo que no se propone reconstruir a la Patria en Cristo, no es conforme con la realidad ni con la verdad del hombre; no es tampoco conforme con el origen, la ra&iacute;z y la esencia del ser argentino. Perder en esta cruzada es todav&iacute;a ganar, porque del fracaso y de la derrota irradia una ejemplaridad triunfal y arrebatadora sobre las generaciones futuras&rdquo;<sup>12</sup>.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los frutos del pensamiento de Genta son esos j&oacute;venes que han encontrado su vocaci&oacute;n religiosa, filos&oacute;fica o militar en las p&aacute;ginas de sus libros. Esos docentes que se conducen en sus tareas diarias sabiendo que existe una pedagog&iacute;a cristoc&eacute;ntrica. Esos sacerdotes que tienen su sacrificio por modelo de conducta. Esos amigos, disc&iacute;pulos y camaradas que envejecen hidalgamente, guardando &ndash;memoriosos y nost&aacute;gicos- los pormenores de su aleccionadora compa&ntilde;&iacute;a. En estos treinta a&ntilde;os que lleva ausente, la Divina Providencia nos ha permitido constatarlo. De viaje en viaje, por el Litoral o por Cuyo, por el Tucum&aacute;n o por C&oacute;rdoba, por el duro Chaco, la anta&ntilde;ona Santiago del Estero o la se&ntilde;orial Santa Fe, por todos los rincones de la patria asoman y florecen los frutos espirituales de Jord&aacute;n Bruno Genta. Todav&iacute;a hoy recuerdo estremecido, cuando en el&nbsp; cuarto de su parroquia, en General Alvear, provincia de Mendoza, me encontr&eacute; con el retrato del maestro,que celosamente hab&iacute;a colocado el Padre Reynaldo Viveros. El mismo que lo hab&iacute;a acompa&ntilde;ado cuando estudiaba en el Seminario de Paran&aacute;.&nbsp; Otro tanto hac&iacute;a el Padre Quint&aacute;s, en su modest&iacute;sima vivienda santiague&ntilde;a. Los dos curas han muerto. Pero vivieron proclamando entre los suyos una filiaci&oacute;n intelectual que sab&iacute;an comunicar gozosamente.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>-V -</strong>&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Ni una l&aacute;grima! &iexcl;Sin tristeza!</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que la guerra</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; se dirige desde el cielo</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; mejor que desde la tierra.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rafael Duy&oacute;s&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por &uacute;ltimo, conocemos a un hombre por su muerte.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Toda vez vez que se pierde el anhelo superior de conquistar la grandeza, se est&aacute; ante un signo inequ&iacute;voco de irremisible decadencia. Rotos los vinculos que entrelazan la vida con su Origen, las naciones y los hombres quedan de espaldas a Dios e inmersos en la nada. Entonces, s&oacute;lo los elegidos son capaces de reaccionar, y sostener la mirada fijamente en el v&eacute;rtice exacto del que nunca debi&oacute; descenderse. &ldquo;Pocos hombres&rdquo;, dir&aacute; Rilke,&ldquo;sienten ascender en ellos un&nbsp; impulso de obrar tan fuerte como para erguirse con ardor en la plenitud de su coraz&oacute;n; quiz&aacute;s&nbsp; ocurra en los h&eacute;roes y Ios elegidos del prematuro tr&aacute;nsito.&rdquo; Tal es el caso de Jord&aacute;n Bruno Genta. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Signado por la Gracia de Dios, mantuvo fidelidad a Su Palabra en medio de la Gran Apostas&iacute;a. Mir&oacute; el abismo, m&aacute;s no para caer en &eacute;l, sino para cruzarlo con la intrepidez del &aacute;guila; y cruz&aacute;ndolo lo convirti&oacute; en pelda&ntilde;o hacia la eternidad. As&iacute; encar&oacute; la muerte, como el cruce de un abismo necesario que conduce a la infinitud. En tan augusta e irrepetible circunstancia, oy&oacute; el consejo de Agust&iacute;n de Fox&aacute;:</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Para la muerte, hermano, te vestir&aacute;s de fiesta,</em></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>haciendo honor al limpio linaje de tu casta</em>&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Quien as&iacute; mor&iacute;a era el mismo que frente a la corriente que todo lo envuelve en su cambio, hab&iacute;a reivindicado el sentido de la Permanencia; y frente a la tentaci&oacute;n del devenir nihilista opuso el valor de la identidad. &ldquo;No os importe que los dem&aacute;s os contradigan&rdquo; &ndash;areng&oacute; cierta vez a los j&oacute;venes- &ldquo;s&oacute;lo debe preocuparos como a S&oacute;crates no estar en contradicci&oacute;n con vosotros mismos&rdquo;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dol&iacute;ale la Patria, a la que entreg&oacute; su inteligencia clara y su pasi&oacute;n fogosa, y en los umbrales de la plenitud, como vemos, la propia vida. Porque por encima de todo compromiso en el tiempo, estaba la f&eacute;rrea religaci&oacute;n con la Verdad que no tiene tiempo. Sab&iacute;a y ense&ntilde;aba que &ldquo;no hay ni puede haber Argentina Soberana sin que Cristo y Mar&iacute;a reinen en ella &ldquo;, pero para aspirar a tan empinada condici&oacute;n era necesaria la disposici&oacute;n al sacrificio. Y la tuvo.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Alguien muy pr&oacute;ximo a &eacute;l en el afecto, su esposa Lilia, hab&iacute;a dicho, dolorida por la constataci&oacute;n, que no eran aquellos tiempos &ldquo;de &eacute;glogas, rimas y redondillas&rdquo;.&ldquo;Antes ser&aacute; el Combate y el entrevero, la tierra dura resquebrajada, el aire que huele a p&oacute;lvora, aguas del r&iacute;o bajando rojas, y cada espina de los pencales de la monta&ntilde;a, goteando sangre. Cuando la espada corte los invisibles hilos del aire, sobre la tierra rescatada, ser&aacute; de nuevo -rosa inasible-&nbsp; la poes&iacute;a&rdquo;.&nbsp; Acaso fue un presentimiento, pero llegaron gotas de sangre y aires quemados, como llegaron, tras el martirio, los primeros poemas. Escribi&oacute; el Padre Renaudiere:</p><p align="center">El muerto estaba all&iacute;</p><p align="center">en la colina viva,</p><p align="center">el pulso de los verdes</p><p align="center">crec&iacute;a entre sus manos,</p><p align="center">en la colina viva.</p><p align="center">El pon&iacute;a su antigua raiz</p><p align="center">en el rio inviolable.</p><p align="center">Y crec&iacute;a.</p><p align="center">Todo el bosque ascend&iacute;a</p><p align="center">hasta su boca abierta.</p><p align="center">Todo hallaba desde sus labios puros</p><p align="center">el nombre y su palabra.</p><p align="center">All&iacute; todo crec&iacute;a.</p><p align="center">Y el cuerpo, tan despierto</p><p align="center">en las colina viva&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jord&aacute;n B. Genta oy&oacute; a San Pablo. Y sali&oacute; -heraldo nuevo para una proclama antigua- a predicar &ldquo;oportuna e inoportunamente&rdquo;. Jam&aacute;s lo sujetaron moderadores consejos, pero nunca tuvo un gesto de arrogancia. Claro en sus convicciones, nos ense&ntilde;&oacute; con el martirio libremente asumido, que no hay redenci&oacute;n sin sacrificio, pero &ldquo;ese sacrificio del hombre&rdquo;, ratificaba, &ldquo;tiene que ser part&iacute;cipe por la Gracia de Dios, de la Pasi&oacute;n, Muerte y Resurrecci&oacute;n de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo para ser vencedor incluso en la derrota, y para que la vida verdadera surja de la muerte con nitidez fulgurante en la Esperanza Sobrenatural&rdquo;. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hay que volver una y otra vez sobre las reflexiones de Genta a prop&oacute;sito de la figura de Monse&ntilde;or Tiso, para entender su propia figura y su muerte m&aacute;rtir.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paradigm&aacute;tica es la alabanza que hace Genta del gran eslovaco, como emblema de una genuina pol&iacute;tica de soberan&iacute;a f&iacute;sica y metaf&iacute;sica. Paradigm&aacute;ticas las razones en virtud de las cuales ense&ntilde;a que todo hombre de honor debe rechazar el &eacute;xito del mundo y homenajear a los grandes derrotados, a aquellos que a imitaci&oacute;n del Se&ntilde;or, han resultado vencidos aqu&iacute; abajo, por no abdicar de las cosas de arriba. Sin propon&eacute;rselo se est&aacute; retratando a s&iacute; mismo. &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; deferencia m&aacute;s se&ntilde;alada!&rdquo; &ndash;nos dice- &ldquo;&iexcl;ser convocado para honrar a un vencido en la tierra!&rdquo;. Es el alegato de un hombre superior que ha penetrado en la concavidad m&aacute;s rec&oacute;ndita del secreto del Calvario. La confesi&oacute;n, casi inefable, casi incomunicable, de quien ha visto de cerca la silente victoria del Viernes Santo. Es la inauguraci&oacute;nb trascendente de la ma&ntilde;ana y del gozo, tras la mera inmanencia de la pena y del crep&uacute;sculo.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero algo m&aacute;s ve&iacute;a Genta cuando hablaba de su admirado Tiso. Tuvo &ldquo;un destino envidiable&rdquo; &ndash;proclamaba delante de sus compatriotas exiliados que lo escuchaban como a un maestro- &ldquo;porque mereci&oacute; el triunfo y la gloria del martirio. &iexcl;El martirio, esa buena muerte, esa preciosa e insuperable muerte donde empieza la vida sin muerte!. Y largos a&ntilde;os despu&eacute;s de estas palabras, volviendo con fidelidad a rendirle homenaje al sacerdote ca&iacute;do, insist&iacute;a con tono impetrante: &ldquo;permanezco en el mismo lugar en que estaba entonces, y espero que la muerte me encuentre, en esa definici&oacute;n cat&oacute;lica y nacionalista que profeso, y a la cual he consagrado mi vida&rdquo;<sup>13</sup>.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La muerte lo encontr&oacute; a Genta como &eacute;l quer&iacute;a. Y la tuvo &ldquo;buena, preciosa, envidiable e insuperable&rdquo;, cual la hab&iacute;a descripto hablando de Tiso. Premonici&oacute;n misteriosa. O deseo recto y ardiente que se alcanza por merecimientos propios. O inspiraci&oacute;n bajo el auxilio de la gracia, si se prefiere.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si los m&aacute;rtires de los &uacute;ltimos tiempos, dice San Agust&iacute;n, no ser&aacute;n reconocidos como tales, no nos extra&ntilde;a el silencio inexplicable con que se rode&oacute; y se sigue rodeando la ejemplaridad de su martirio desde los &aacute;mbitos eclesi&aacute;sticos. Es lo propio de una jerarqu&iacute;a d&uacute;plice y medrosa, enferma de sincretismo, de pusilanimidad y de no pocas heterodoxias graves. Intentado que se hubo el inicio de la causa de la canonizaci&oacute;n, teniendo en cuenta que es un hecho probado que muri&oacute; por odio a la Fe, la <em>Comisi&oacute;n Arquidiocesana Para la Causa de los Santos </em>, en carta del 24 de marzo de 2000, le respondi&oacute; formalmente al Dr. Edmundo Paris &ndash;postulador de la causa- &ldquo;que dado el car&aacute;cter pol&iacute;tico de la personalidad del Profesor Jord&aacute;n Bruno Genta, no es posible a&uacute;n recomendar al Se&ntilde;or Arzobispo que acceda a lo solicitado&rdquo;. Como si centenares de santos no hubiesen alcanzado los altares, precisamente a causa de su <em>car&aacute;cter pol&iacute;tico</em>, esto es de su abnegada entrega al bien com&uacute;n. Como si la personalidad de Genta pudiera quedar ce&ntilde;ida al &aacute;mbito partidario. Como si la doctrina del nacionalismo cat&oacute;lico, tal como &eacute;l la predic&oacute; y ejercit&oacute;, fuera obst&aacute;culo para la beatitud. Es extra&ntilde;o que estos mismos pastores promuevan la canonizaci&oacute;n de un Angelelli, obviando su <em>caracter pol&iacute;tico</em>, expl&iacute;citamente ligado al terrorismo marxista, y hasta trocando su fatal accidente automovil&iacute;stico en un atentado. Es extra&ntilde;o, pero ya no inhabitual en los desgarradores tiempos que vivimos. Entretanto, &ldquo;el Se&ntilde;or Arzobispo&rdquo;, al que &ldquo;a&uacute;n no se le puede recomendar que acceda a lo solicitado&rdquo;, honra al cabalista Maim&oacute;nides, y festeja el A&ntilde;o Nuevo Jud&iacute;o en el Seminario Rab&iacute;nico Latinoamericano.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero m&aacute;s all&aacute; de las err&aacute;ticas consideraciones del mundo, Jord&aacute;n Bruno Genta ha sido reconocido por Dios en el Cielo como soldado e hijo digno. Y &eacute;l, que desde el Alc&aacute;zar de su C&aacute;tedra tantas veces hab&iacute;a ense&ntilde;ado a morir &ldquo;como un acto de servicio&rdquo;, al llegar al cielo, bien pudo haberle dicho a Dios, parafraseando a Moscard&oacute;,<em>&ldquo;sin novedad, Padre...</em>&rdquo;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta es la verdad. Amaba Genta la buena muerte y la obtuvo como premio. La deseaba y la ped&iacute;a para s&iacute; con una insitencia que tiene sabor a premonici&oacute;n, a misteriosa anticipaci&oacute;n de un destino heroico, a clarividencia di&aacute;fana de la misi&oacute;n que Dios le hab&iacute;a encomendado. Cuando al fin le fue concedida, la recibi&oacute; con la naturalidad de un sacramento. Se persign&oacute; primero, para caer depu&eacute;s sobre el asfalto, a la vera de esos mismos &aacute;rboles que se entreve&iacute;an mientras &eacute;l daba sus clases. Le es imposible a un alma sana, dejar de sentir a&uacute;n el estremecimiento ante tama&ntilde;o desenlace. Un hombre solo, sin cargos ni poderes, sin funciones p&uacute;blicas ni puestos influyentes. Un hombre solo y derrotado para el mundo; un hombre con su palabra pre&ntilde;ada de verdad y de belleza, era el enemigo que molestaba al R&eacute;gimen. Y el R&eacute;gimen, a trav&eacute;s de sus sicarios de turno &ndash;lo mismo dan sus siglas o divisas- se deshizo de &eacute;l un domingo de octubre.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Iguales o peores son hoy las circunstancias. Peores si se&nbsp; admite que una corrosiva falsificaci&oacute;n de la historia reciente, operada por los medios masivos en manos exclusivas de las izquierdas, agrega su cuota de perversi&oacute;n sobre una sociedad confundida hasta las heces. Sobre una patria por la que ya no bastan los ojos para llorarla, ni el coraz&oacute;n para sentirla herida. Sobre una&nbsp; Iglesia prevaricadora en muchos de sus conductores y de sus miembros. Sobre una Universidad y unas Fuerzas Armadas disueltas y vencidas, sin norte ambas, sin prestigio ni honor ni decoro.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Queda imitar a Genta. A&uacute;n en la soledad y en la adversidad, en la traves&iacute;a y en el desamparo, en la zozobra y en el naufragio. Es posible el testimonio de la inteligencia y de la voluntad. Es posible querer convertirse en testigo. Y el derramamiento de la sangre de los justos, traer&aacute; la victoria que no puede llegar sino de esta manera.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&ldquo;&iexcl;Felices los insurgentes!&rdquo;, le cantaba Pierre Pascal a Maurras, en uno de sus logrados sonetos. &ldquo;&iexcl;Felices los puros, los reprobados, los insumisos, los defensores! &iexcl;Felices los muertos por incendiarse el coraz&oacute;n! &iexcl;Felices los encarnizados hasta los &uacute;ltimos cartuchos! &iexcl;Felices en Don Quijote, los que han preferido, riendo del ma&ntilde;ana, vivir a ojos, boca y pulmones llenos!&rdquo;</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Feliz Jord&aacute;n Bruno Genta, a quien se pueden aplicar estos versos exactos. Y &iexcl;ay de nosotros!, y de lo que por nosotros el bien com&uacute;n dependa, si no somos capaces de recoger su espada, su bandera y su Cruz.&nbsp;<br />&nbsp;<br /></p><p align="center"><strong>-VI &ndash;</strong>&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>&ldquo;Que Dios te d&eacute; el descanso eterno y a nosotros nos niegue el descanso&rdquo; </em>&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos&eacute; Antonio&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nadie puede abandonar lo que ha creado sin quedarse en la creatura. Enigma insondable que s&oacute;lo descifra el amor, &ldquo;regalo esencial&rdquo;, por el cual el milagro de la trascendencia se hace inteligible. Inm&oacute;vil secreto que expresara San Agust&iacute;n cuando dec&iacute;a: &ldquo;El alma est&aacute; m&aacute;s donde ama que en el cuerpo que anima&rdquo;. Esta facultad del alma -asirse a lo que ama, fundirse en lo creado- sobrevive a los a&ntilde;os y a la muerte; m&aacute;s a&uacute;n cuando se ha muerto m&aacute;rtir, que es la forma m&aacute;s alta de morir.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El martirio, acto supremo de amor, don de la sangre, coloca al hombre en imperecedera situaci&oacute;n de presencia. Despojado de todo, el m&aacute;rtir nos entrega d&iacute;a a d&iacute;a el ropaje asombroso de su desnudez intacta. La huella de su paso colma el hundido centro de la ausencia. Por eso, y tras tres d&eacute;cadas de su muerte, no se trata de recordar a Genta con dolor, sino de recrear alegremente su presencia. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Debemos heredar para la Patria esa presencia vibrante, ese imperioso legado de cuya plena realizaci&oacute;n depende el destino nacional. Porque en la encrucijada argentina s&oacute;lo sigue quedando una opci&oacute;n salvadora, la que &eacute;l entreviera cuando predicaba que aquella sentencia de Cristo, el &ldquo;sin m&iacute;, nada pod&eacute;is hacer&rdquo;, vale tanto para los hombres como para las naciones. De ah&iacute; la inutilidad de todo planteo ideol&oacute;gico que desconozca la ra&iacute;z teol&oacute;gica. De ah&iacute; que dijera una y otra vez: &ldquo;si queremos liberar a la Patria, y nuestra opci&oacute;n pol&iacute;tica es el Nacionalismo, debemos comenzar por nuestra libertad interior renovando los afectos, bienes y poderes en Cristo Crucificado. Desprendidos del propio yo y de todo lo que poseemos, amaremos a la Patria y al pr&oacute;jimo con un amor trascendente, Amaremos como Cristo nos am&oacute;, con una disponibilidad sin reservas para el servicio y con un esp&iacute;ritu de sacrificio que todo lo da sin esperar nada&rdquo;. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As&iacute; hablaba Genta, con &ldquo;el divino ardor de la palabra que arrebata y entusiasma, para vivir con sentido de grandeza hasta las mas &iacute;nfimas de las tareas cotidianas&rdquo;. Lo escribi&oacute; a prop&oacute;sito de la correspondencia entre San Mart&iacute;n y Rosas, instando a los j&oacute;venes a que la leyeran. Ahora nosotros le aplicamos a sus escritos sus propias y edificantes palabras. Porque fue la mirada fiel a la Mirada que no trans&oacute; jam&aacute;s con la mediocridad y la mentira. Fue la conducta vigilante, tensa, del que sabe que s&oacute;lo tiene sentido despertar ante Dios. Fue la violencia de la Verdad, ante el esc&aacute;ndalo de los timoratos, que no comprenden que &ldquo;el Reino de los Cielos es para los violentos&rdquo;. Y fue bien lo sabemos- el centinela sin relevo de la Patria, que desde la atalaya de su verbo profetiz&oacute; los males que la estaban acechando. El mostr&oacute; reiterativamente la da&ntilde;ina propiedad de la democracia para subvertir a la Naci&oacute;n. Y lo hizo anticipadamente, mientras muchos contemporizaban o ced&iacute;an. Pero su voz no se tuvo en cuenta, pues por ella hablaba la Argentina antigua, heroica y teologal;y la Argentina Oficial, esa del cuarto oscuro y los comicios, no quer&iacute;a ni pod&iacute;a escucharlo. Por eso lo silenciaron, y sin saberlo, fue la primera vez que le dieron la palabra. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los asesinos, v&iacute;ctimas de su propia concepci&oacute;n zool&oacute;gica, jam&aacute;s alcanzar&aacute;n a comprender que, pese a ellos mismos, fueron instrumentos en el plan de Dios. Por que &eacute;l deb&iacute;a morir as&iacute;: de pie, persign&aacute;ndose, su talla de gigante entre el cielo y la tierra, a plena luz del d&iacute;a, en un acto de servicio, &ldquo;sosteni&eacute;ndole la vista a la derrota&rdquo;. Por eso tampoco nos quejamos. Aprendimos al fin a recitar la dif&iacute;cil Oraci&oacute;n del Paracaidista que nos entregara en plena adolescencia: <em>&ldquo;...Quiero la inseguridad y la inquietud, quiero la tormenta y la lucha, y que t&uacute; me los des, Dios mio, definitivamente...&rdquo;</em> Nosotros, que reivindicamos la vida inc&oacute;moda y el paraiso implacable, estamos muy lejos de enhebrar jeremiadas. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a hoy Genta si viera el actual estado de descomposici&oacute;n? Creemos que nos conducir&iacute;a hacia un rinc&oacute;n de su biblioteca. All&iacute; donde guardaba las fatigadas obras de Plat&oacute;n. Y abri&eacute;ndolas en las p&aacute;ginas del <em>Fed&oacute;n</em>, nos leer&iacute;a con su voz sonora aquello de que &ldquo;el hombre est&aacute; en el mundo como un centinela, en un puesto que no puede abandonar sin permiso de Dios&rdquo;, y que entretando, &ldquo;la sabidur&iacute;a es la &uacute;nica moneda de buena ley por la que se deben abandonar todas las otras&rdquo;. O que tal vez nos recordar&iacute;a aquel pasaje tan aplaudido de su &uacute;ltima conferencia: &ldquo;La Argentina que yo quiero, es una Naci&oacute;n como aquella que ya existi&oacute;, como aquella de los a&ntilde;os 1848-49-50, cuando la m&aacute;s poderosa potencia del mundo. Inglaterra y luego Francia, una con Southern, la otra con L&eacute;predour, firmaron con Arana, con Juan Manuel, los tratados m&aacute;s honrosos de la historia argentina. Yo quiero una naci&oacute;n como aquella que un d&iacute;a, todo el pueblo porte&ntilde;o fue convocado al puerto, y ante ese pueblo de varones y mujeres fuertes, entr&oacute; en la rada la fragata inglesa Harpy, arri&oacute; el pabell&oacute;n ingl&eacute;s, enarbol&oacute; el pabell&oacute;n argentino y lo desagravi&oacute; con veinti&uacute;n ca&ntilde;onazos&rdquo;.&nbsp; Por esta Argentina y por este magisterio, seguimos en combate.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Supo escribir Gerardo Diego ante un muerto cercano y encomiable, que era &ldquo;verg&uuml;enza vivir cuando los buenos mueren&rdquo;. Que abajo, quienes quedamos, &ldquo;cantamos y cortamos las flores del poniente&rdquo;. Mas &ldquo;las del alba t&uacute; solo las cosechas, celeste, del jard&iacute;n de la vida, tras el mar de la muerte&rdquo;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;All&iacute; ha de estar entonces, ya sin sombras de dudas, en el alt&iacute;simo prado, Jord&aacute;n Bruno Genta, cosechando las flores del alba. Porque Dios as&iacute; restituye la gloria a quienes lo sirvieron en vida.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nosotros aqu&iacute;, a despecho de tantas persecuciones e incomprensiones, de tantas soledades y pruebas, queremos continuar el camino que nos traz&oacute; con su ejemplo. Precisamente porque los tiempos son dif&iacute;ciles, porque los recursos son pocos, porque los desertores abundan y los cobardes acechan. Precisamente porque pareciera que est&aacute; todo perdido y queda por ganar la vida eterna lidiando contra el Maligno. No es mal destino, si se sabe ser d&oacute;cil a las ultimidades de la historia.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nosotros aqu&iacute;, una vez m&aacute;s. Escuchando &ndash;como los soldados de Enrique V en v&iacute;speras de San Crisp&iacute;n- la promesa magn&iacute;fica y certera reservada a los que sean capaces de jugarse sin reservas: sus nombres ser&aacute;n resucitados por el recuerdo viviente de los descendientes, y ser&aacute;n saludados con copas rebosantes. Los que no hayan participado de la contienda se sentir&aacute;n viles, y los protagonistas &ndash;a&uacute;n tumbados- ser&aacute;n ennoblecidos por el coraje.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nosotros aqu&iacute;, en este cotidiano entrevero de querer recordar y emular al testigo de la verdad. Para no sentir &ldquo;verg&uuml;enza&rdquo; de seguir viviendo. Hasta que la flor del alba &ndash;se&ntilde;era, firme,altiva- reverdezca luminosa regada con nuestra propia sangre.</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El rio de tu nombre es sacramento</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-la voz del cielo al agua y la paloma-</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;tu cuerpo es el torre&oacute;n que se desploma</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;sin rendir armas ni lanzar lamento.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como una profec&iacute;a, el juramento</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de dar tu sangre por la patria, asoma.</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era el martirio un &aacute;mbar en redoma,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;cristal herido, fiel presentimiento.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nos dejas las honduras y las galas</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de esas lecciones que en tu voz ta&ntilde;&iacute;an,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;los libros del combate jubiloso.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y un abril por el sur nos dejas alas</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que el invasor dedujo que ten&iacute;an</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;la fuerza de tu verbo victorioso.&nbsp;<br />&nbsp;<br /></p>]]></description><pubDate>Thu, 22 Jun 2006 14:50:00 +0000</pubDate></item><item><title>Jaime Garc&#xED;a Vieyra</title><link>https://caponnetto.blogia.com/2006/062206-jaime-garcia-vieyra.php</link><guid isPermaLink="true">https://caponnetto.blogia.com/2006/062206-jaime-garcia-vieyra.php</guid><description><![CDATA[<div><p align="center"><strong>- I &ndash;</strong></p><p align="center"><strong>Retrato</strong>&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jaime Garc&iacute;a Vieyra quiso llamarse para siempre Fray Alberto, cuando decidi&oacute; su ingreso a la Orden Dominicana, en la que profes&oacute; hacia 1935. Antes hab&iacute;a estudiado medicina y hacia all&iacute; parec&iacute;a rumbear su vocaci&oacute;n.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero hab&iacute;a nacido en la hermosa ciudad de Altagracia, en 1912. Y C&oacute;rdoba lo puso providencialmente en contacto con ese maestro singular que fue Mart&iacute;nez Villada. Junto a &eacute;l, en el Instituto Santo Tom&aacute;s de Aquino, descubri&oacute; el llamado sacerdotal, como lo hicieran otros notables condisc&iacute;pulos. Tal, el inolvidable Padre Mario Agust&iacute;n Pinto.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La filosof&iacute;a la cursa en C&oacute;rdoba y en Buenos Aires, la teolog&iacute;a en el <em>Ang&eacute;lico</em> de Roma, hasta que se ordena en 1939, y se doctora tres a&ntilde;os despu&eacute;s con una tesis sobre los dones del Esp&iacute;ritu Santo en San Alberto Magno.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recorri&oacute; diversas provincias de la patria. Rez&oacute; y estudi&oacute; intensamente. Predic&oacute; la Verdad sin fisuras, dej&oacute; m&uacute;ltiples y esclarecedores escritos, y al fin, en pleno Adviento, muri&oacute; el 20 de diciembre de 1985, en la ciudad de Santa Fe<sup>1</sup>.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;All&iacute; lo conocimos, cuando terminaba la d&eacute;cada del &rsquo;70. Ten&iacute;a fama de santidad y de sabidur&iacute;a, dicha la frase sin hip&eacute;rbole alguna. Era un dato cierto &ndash;un secreto a voces- que las inteligencias sacerdotales y laicales m&aacute;s prominentes, cuando estaban ante alguna duda teol&oacute;gica lo iban a consultar a Fray Alberto. Era otro dato indiscutido que el hombre consultado ten&iacute;a tanta seguridad en las respuestas como <em>tolerancia cero,</em> no ya frente a errores formales sino ante comunes contemporizaciones con el error. Y era al fin una tercera certeza, que este hombre de hablar mon&oacute;tono y cansino, pronunciaba los juicios m&aacute;s categ&oacute;ricos y esclarecedores, las verdades m&aacute;s rotundas y definitivas, sin inmutar su serenidad , su gracejo, y su imborrable tonada.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sent&iacute; temor y temblor al verlo sentado entre quienes iban a escuchar la conferencia que me hab&iacute;an pedido unos amigos santafecinos. Y lo manifest&eacute; p&uacute;blicamente, con palabras de enf&aacute;tico reconocimiento a su trayectoria, su persona y su ciencia. El se ri&oacute; de s&iacute; mismo, estruendosamente, como para compensar en p&uacute;blico el elogio que en p&uacute;blico le hac&iacute;a. Y al acabar mi clasesita, me ret&oacute; en privado &ndash;seria y paternalmente-&nbsp; por haber mortificado su modestia. Entonces, s&oacute;lo entonces, cuando lo vi verdaderamente herido en su decisi&oacute;n de ser apenas un grano de mostaza que pasa inadvertido, comprend&iacute; la&nbsp; verdad de la otra leyenda que pesaba sobre el Padre: la de su humildad extrema.&nbsp; A&ntilde;os despu&eacute;s, publicar&iacute;a su meditaci&oacute;n precisamenmte sobre la humildad, que habr&iacute;a de leer con fruici&oacute;n<sup>2</sup>. Pero yo ya hab&iacute;a recibido la lecci&oacute;n pr&aacute;ctica, y no la hab&iacute;a olvidado.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una segunda lecci&oacute;n me fue dada durante un Congreso en Rio Tercero, provincia de C&oacute;rdoba. Me toc&oacute; estar en un panel con abundancia de <em>cat&oacute;licos oficiales</em>, algunos de los cuales intregraban el equipo asesor de un Ministro de Educaci&oacute;n, cuestionado en aquellos d&iacute;as por las izquierdas a causa de una materia llamada<em> Formaci&oacute;n Moral y C&iacute;vica,</em> que hab&iacute;a incorporado a la ense&ntilde;anza media con mejores intenciones que recta doctrina. Los expositores pugnaban por demostrar que la susodicha asignatura era respetuosa del pluralismo y de la libertad de creencias. Y lo peor es que casi estaban convenciendo a muchos. El Padre se hallaba sentado en la primera fila de asientos. Se las ingeni&oacute; para hacerse oir sin micr&oacute;fono, recordando que una ley o una medida de gobierno no es buena si conforma a los creyentes de todo tipo y laya, si no si conforma a Dios y guarda conformidad con las ense&ntilde;anzas de la Iglesia. Un aplauso casi generalizado coron&oacute; su oportuna intervenci&oacute;n. Al llegarme el turno de hablar, s&oacute;lo quise decir que me contaba entre quienes hab&iacute;an aplaudido estent&oacute;reamente a Fray Alberto.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con raz&oacute;n los frailes Daniel y Rafael Rossi, O.P, al presentar su enjundioso <em>Catecismo</em>, testimonian con gratitud y coraje su &ldquo;palabra de contemplativo: profunda y luminosa, bella y clara&rdquo;, y lo reconocen como arquetipo vivo a quien tuvieron la gracia de poder emular en el &ldquo;per&iacute;odo de formaci&oacute;n&rdquo; en &ldquo;la vida religiosa&rdquo;<sup>3</sup>.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya hab&iacute;a muerto el fraile cuando regres&eacute; al Convento de Santa Fe. Me recibi&oacute; mi dilecto y admirado amigo, Fray Armando D&iacute;az, O.P, uno de sus hijos espirituales que m&aacute;s empe&ntilde;osamente ha reivindicado su vida y su obra, continuando con el mismo esp&iacute;ritu. Le encarec&iacute; que me llevara ante su tumba. Est&aacute; debajo del altar mayor, en una cripta. A solas frente al ata&uacute;d del glorioso cura, me sonaron como pronunciadas por primera vez aquellas antiguas palabras del <em>Credo:creo en la resurrecci&oacute;n de la carne.</em>&nbsp;<br /></p><p align="center"><strong>- I &ndash;</strong></p><p align="center"><strong>Una obra de misericordia</strong>&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aunque la vida y la obra del Padre Alberto Garc&iacute;a Vieyra pueda presentarse, como pocas, al modo de una unidad org&aacute;nica al servicio de la educaci&oacute;n cat&oacute;lica; y aunque pueda afirmarse, gen&eacute;rica pero propiamente, que educ&oacute; con su palabra y con sus actos, nos ha dejado sin embargo una diversidad de trabajos, en los que esplende -de un modo ya espec&iacute;fico y directo- su s&oacute;lido pensamiento pedag&oacute;gico.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nos referimos, en este orden, a cuatro valiosos tratados: <em>Ensayos sobre Pedagog&iacute;a, seg&uacute;n la mente de Santo Tom&aacute;s de Aquino</em> (Buenos Aires, Descl&eacute;e de Brouwer, 1949),<em> Pol&iacute;tica Educativa</em> (Buenos Aires, Huemul, 1967), <em>Los fines de la educaci&oacute;n,</em> ponencia presentada en las Primeras Jornadas de Filosof&iacute;a de la Educaci&oacute;n, convocadas por la Facultad de Ciencias de la Educaci&oacute;n de Paran&aacute; de la Universidad Nacional de Entre R&iacute;os, en septiembre de 1 977, y <em>El legislador frente a la pedagog&iacute;a,</em> nueva ponencia defendida esta vez en las Jornadas Educativas realizadas en Santa Fe, por la Hermandad Seglar de Santo Domingo, entre mayo y junio de 1984.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Son cuatro obras notables, frutos de una verdadera artesan&iacute;a espiritual, en las que pueden admirarse la sabidur&iacute;a del te&oacute;logo, la ciencia del fil&oacute;sofo, el sentido com&uacute;n del aut&eacute;ntico pedagogo, pero sobre todo, la caridad del maestro cat&oacute;lico, que ha entendido y cumplido la olvidada lecci&oacute;n catequ&iacute;stica de que ense&ntilde;ar al que no sabe es una obra de misericordia. En consecuencia, no es posible cultivar y ejercitar ning&uacute;n magisterio aut&eacute;ntico, sin la asistencia de los dones del Esp&iacute;ritu Santo; ya que s&oacute;lo ellos -como dictaba San Pio X- nos dan la prontitud necesaria para perfeccionar la vida cristiana.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;He aqu&iacute; la rotunda e inicial afirmaci&oacute;n de Fray Alberto. Educar es<em> mester de miser cordis</em>: asistir el coraz&oacute;n mendicante del otro. No en lo que el t&eacute;rmino connota de huero sentimentalismo, sino en tanto define la interioridad creatural. Porque ordenado al <em>Cor Jesu</em>, el coraz&oacute;n del cristiano cumple &ldquo;un papel glorioso y manifisto&rdquo;, ha dicho&nbsp; Von Hildebrand<sup>4</sup> . Nadie puede llegarse hasta los lindes de la intimidad del pr&oacute;jimo, con el prop&oacute;sito de elevarlo, si no posee la ciencia y el consejo, el entendimiento o el temor de Dios, y aquellas otras fuentes de Luz que nos dej&oacute; el Par&aacute;clito. Un verdadero peregrinaje hacia la alteridad, podr&iacute;a haber dicho Leon BIoy.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Obra de misericordia, dones del Esp&iacute;ritu Santo, Pentecost&eacute;s como fiesta pedag&oacute;gica por antonomasia, &iquest;podr&aacute;n comprender e imitar este primer aprendizaje, esa multitud de docentes que se llaman cat&oacute;licos apenas porque trabajan en escuelas parroquiales o congregacionales? &iquest;Ser&aacute; posible que alguna vez vuelvan la mirada hacia los saberes fundantes y desechen las modas culturales impuestas alternativamente?</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquellos cuatro trabajos mencionados del Padre Garc&iacute;a Vieyra requerir&iacute;an para su an&aacute;lisis y aprovechamiento, mucho m&aacute;s que estos descoloridos y breves apuntes, pues campean entre sus p&aacute;ginas eruditas reflexiones sobre el objeto formal de la ciencia pedag&oacute;gica, el papel del inter&eacute;s del ni&ntilde;o en el acto educativo, los bienes y las virtudes que la escuela debe comunicar, la cr&iacute;tica a los sistemas naturalistas y laicistas, el sentido del magisterio pontificio o la actualidad del pensamiento del Doctor Ang&eacute;lico. Un regenerador ba&ntilde;o de realismo y de apolog&eacute;tica en un terreno minado de eclecticismos y de defecciones.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La prudencia sin embargo nos ha hecho seleccionar s&oacute;lo dos cuestiones. Una en raz&oacute;n de su actualidad y perentoriedad; la otra, parad&oacute;jicamente, en raz&oacute;n de su perennidad.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hablaremos entonces de lo que debe ser una <em>ley educativa</em> y de lo que debe ser <em>el maestro</em>.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>- II &ndash;</strong></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>La ley educativa</strong>&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Respecto de la primera cuesti&oacute;n, sus requisitos de legitimidad bien podr&iacute;an quedar contenidos en una decena de afirmaciones.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En primer lugar, que en una naci&oacute;n hist&oacute;rica y constitutivamente cat&oacute;lica, la fe verdadera no puede quedar reducida a una opci&oacute;n individual m&aacute;s. La doctrina siempre vigente de la Realeza Social de Jesucristo, obliga a informar con la C&aacute;tedra de la Cruz todas las manifestaciones p&uacute;blicas de la vida comunitaria; y va de suyo que una de esas manifestaciones capitales como es la educaci&oacute;n no puede ser la excepci&oacute;n a la regla. Ninguna ley -sostiene el Padre Garc&iacute;a Vieyra- ning&uacute;n legislador honrado, puede darle la espalda a la pedagog&iacute;a de la Gracia Divina, a la Pedagog&iacute;a de la Redenci&oacute;n, a la Pedagog&iacute;a de Cristo. Sin ella podr&aacute;n arreglarse tal vez problemas y situaciones instrumentales, pero no podr&aacute; resolverse la salvaci&oacute;n. Una naci&oacute;n para salvarse necesita lo mismo que un alma: fidelidad a la Verdad Crucificada.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En vano se ensayar&aacute;n leguleyer&iacute;as anodinas o ecl&eacute;cticas, h&iacute;bridas o pluralistas. En vano se cubrir&aacute; con la oquedad de un palabrer&iacute;o pseudot&eacute;cnico la ausencia de definiciones tajantes. Una ley no puede conformar a todos; esto es, a los irresponsables constructores de la torre de Babel. Una ley debe ordenarse al Autor de la Ley.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y algo m&aacute;s recuerda Fray Alberto en este punto: la omisi&oacute;n de lo necesario es intr&iacute;nsecamente repudiable. De modo que establecida como necesidad doctrinaria la aseveraci&oacute;n de la Principal&iacute;a de Cristo, no le es dable a ning&uacute;n bautizado renunciar a su explicitaci&oacute;n. Porque el Se&ntilde;or no renunci&oacute; a explicitar con sangre su amor por nosotros.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No se sigue en consecuencia, que se especule con la interpretaci&oacute;n m&aacute;s o menos acristianada que de tal o cual art&iacute;culo de una legislaci&oacute;n err&oacute;nea pudieran hacer los creyentes. De poco vale, por ejemplo, aferrarse a la inclusi&oacute;n de la palabra <em>trascendencia</em> en un texto legal, con la mediocre ilusi&oacute;n de fundar a partir de all&iacute; una correcta antropolog&iacute;a. Se est&aacute; omitiendo lo necesario; aquello que disipar&iacute;a la utilizaci&oacute;n ambigua del t&eacute;rmino, torn&aacute;ndolo potable para budistas, acuarianos o islamitas. Y aunque nos hayamos acostumbrado a vivir pecando de omisiones y acept&aacute;ndolas en los dem&aacute;s y en los gobernantes, la inc&oacute;moda realidad es que el escamoteo de lo necesario -y de su afirmaci&oacute;n p&uacute;blica, expresa y concreta- es una forma de traici&oacute;n sutil pero no menos grave.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En segundo lugar, la ley que exprese una recta pol&iacute;tica educativa debe girar alrededor del d&eacute;bito de justicia que la comunidad tiene para con los educandos.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Repetir&aacute; una y otra vez el Padre Garc&iacute;a Vieyra este concepto. Si es cierto aquello que record&oacute; el Concilio Vaticano II, en la <em>Gravissimun educationis momentum,</em> de la mano de la <em>Divini Illius Magistri</em>, de que todo hombre tiene derecho a una educaci&oacute;n conforme a su fin &uacute;ltimo, a las costumbres y tradiciones patrias; la comunidad, esto es la naci&oacute;n jur&iacute;dica y politicarnente organizada, queda obligada a una deuda de justicia para con ella misma y con los ciudadanos que la integran. Y esa deuda s&oacute;lo puede saldarse educando en el cultivo de la triple filiaci&oacute;n creatural: la divina, la hist&oacute;rica y la carnal.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El reclamado d&eacute;bito de justicia, en una palabra, no es otra cosa que el formar las inteligencias y las voluntades en el servicio a Dios, a la Patria y al Hogar. El legislador que no reconoce estos derechos, es un legislador injusto. Lo mismo vale decir para aquel que no se atreve a enunciarlos y a incorporarlos expresamente en una ley. Tambien se lav&oacute; las manos Pilatos -escribe Tamayo y Baus- pero no hay manos tan sucias que aquellas manos tan lavadas.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Libre de eufemismos y de elipsis, el lenguaje de Fray Alberto, llama injusta e injusto a la legislaci&oacute;n y al legislador que no cumplen con el reclamado d&eacute;bito de restituir todas las cosas al Padre.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En tercer lugar, el legislador, al realizar su arte propio de legislar en materia educativa, no debe perder de vista que est&aacute; cumpliendo una funci&oacute;n moral y que, por lo tanto, debe guiarse por los principios del Orden Natural en que toda verdadera &eacute;tica se funda. No puede hacer su voluntad, ni imponer su ideolog&iacute;a o suscribir las corrientes y tendencias en boga. No puede volcarse hacia el relativismo ni hacia el pragmatismo moral. Por el contrario, conociendo y amando al Orden Natural, comprender&aacute; aquello de Chesterton, de que si quitamos el Orden Sobrenatural, no queda el natural, queda la nada.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Bien advierte Shakespeare en su <em>Enrique VI,</em> la amarga confesi&oacute;n de quien dice: &ldquo;he sido siempre un tunante respecto de las leyes, y como nunca he podido ajustar a ellas mi voluntad, prefiero que las leyes se acomoden a mi gusto&rdquo;. Fue la raz&oacute;n por la que Mart&iacute;n Fierro -saltando de un cl&aacute;sico al otro- se quejaba de la ley que es &ldquo;tela de ara&ntilde;a&rdquo;, pues &ldquo;la teje el bicho grande mas s&oacute;lo enrieda a los chicos&rdquo;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Legislar, en suma, (y legislar en materia educativa no es una excepci&oacute;n) es un acto moral. Y la moral no es invento humano. Oportuno ser&iacute;a al respecto, para quienes crean que esto es obsoleto, volver sobre las p&aacute;ginas a&uacute;n fescas de la <em>Veritatis Splendor</em> de Juan Pablo II</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En cuarto lugar, si la ley tiene que ver y que atender lo que sea objetivamente justo; si la naci&oacute;n soberana <em>in solidum</em>, no puede ni debe faltar a la justicia, y Dios es Justo,como dice la Escritura, los cat&oacute;licos de una patria cat&oacute;lica no le estamos pidiendo ninguna d&aacute;diva ni ning&uacute;n favor al legislador cuando le pedimos la educaci&oacute;n en la Verdad. No le estamos sugiriendo concesiones sino exigiendo obligaciones. Le estamos reclamando lo que nos corresponde, personal y comunitariamente, y que nos fuera arrebatado por una pol&iacute;tica facciosa, secularista y err&aacute;tica.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La legislaci&oacute;n, insiste el Padre Garc&iacute;a Vieyra, debe formar una conciencia cierta, no falsa. Cierta por lo que afirme y por lo que rechace. Y ni el naturalismo ni el laicismo, ni el sincretismo y las diversas posturas materialistas e inmanentistas, satisfacen esta demanda de justicia. Porque la com&uacute;n negaci&oacute;n de todas estas corrientes es el fin sobrenatural del hombre. Y neg&aacute;ndoselo o desconoci&eacute;ndoselo, ning&uacute;n acto de justicia es posible emprender.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Acostumbrados a andar en retirada, a pedir perd&oacute;n por existir en tanto tales, los cat&oacute;licos han terminado convencidos de que una enorme deferencia se les hace, cuando un gramo de Orden Natural se deja caer de rond&oacute;n en la legislaci&oacute;n educativa. Fray Alberto nos exhorta y nos conmina en sentido opuesto. No son primero nuestros derechos subjetivos los que est&aacute;n en discusi&oacute;n, sino los deberes del legislador respecto de los derechos de Dios.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En quinto lugar -y aqu&iacute; el estilo frontal del Padre se vuelve imprecante- es falsa y es injusta toda ley librada al capricho de un Ministro de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica o al socaire de la &uacute;ltima reforma constitucional. Lo sostuvo hace cuarenta a&ntilde;os desde las p&aacute;ginas ya mencionadas de su <em>Pol&iacute;tica Educativa</em>, y como ocurre con todas las afirmaciones veraces, parecen dichas para el d&iacute;a de hoy.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ese subjetivismo del legislador, ese capricho reformista del gobierno de turno, esa arbitrariedad innovadora de cada gabinete o de cada equipo de &ldquo;expertos&rdquo;, est&aacute; en la base de todas las falsedades e injusticias pol&iacute;tico-educacionales.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las leyes deben ligarse a una responsabilidad ineludible: la de referirse a hombres enteros, con ra&iacute;ces hist&oacute;ricas y tradiciones invulnerables. A hombres que sean -como sintetizaba Jos&eacute; Antonio- &ldquo;portadores de valores eternos&rdquo;. Y si es sensata la ense&ntilde;anza de San Agust&iacute;n en su <em>De Libero Arbitrio</em>, sobre el car&aacute;cter revocable o mudable propio de las leyes temporales, m&aacute;s sensata a&uacute;n, si cabe, es su prevenci&oacute;n en el sentido de que hay leyes perennes que no pueden revocar los dict&aacute;menes circunstanciales de los hombres, y que all&iacute; mismos est&aacute;n obligados a proclamar.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tampoco puede avanzar el subjetivismo legislativo en materia teleol&oacute;gica. Los fines de la educaci&oacute;n no corresponden ser enunciados o fabricados por el legislador, sino descubiertos y aceptados. Esos fines brotan de la misma naturaleza humana, y no es l&iacute;cito -como sucede con inaudita frecuencia- elaborarlos y ejecutarlos a partir de opiniones particulares. Como no es l&iacute;cito asimismo, en materia de fines, desconocer el llamamiento del Bien Com&uacute;n o reemplazar su entidad por construcciones ideol&oacute;gicas.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El Padre Garc&iacute;a Vieyra sigue hablando duro. Todas esas f&oacute;rmulas teleol&oacute;gicas que proponen la educaci&oacute;n para la democracia, o para la vida, o para la libertad o para lo que fuere, son falsas e injustas; desconocedoras de la recta antropolog&iacute;a y de los fines reales de los hombres y de las comunidades.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La ley tiene que promover y asegurar el Bien Com&uacute;n; y el legislador del &aacute;mbito educativo ha de saber que cuenta para ello, con <em>la formaci&oacute;n de los h&aacute;bitos virtuosos</em>, con <em>la jerarquizaci&oacute;n de los bienes</em>, con el fomento del respeto a <em>la unidad del saber</em>. Y que todos estos principios deben hacerse carne en la formaci&oacute;n de los docentes, en la elaboraci&oacute;n de los programas, en la redacci&oacute;n de los contenidos, en la labor cotidiana dentro del aula.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En sexto lugar, la legislaci&oacute;n escolar debe ser org&aacute;nica; es decir, debe tener un orden: o mejor dicho, debe reconocer el Orden. No es ordenado, por ejemplo, darle prioridad a los saberes t&eacute;cnico-instrumentales por encima de los saberes teol&oacute;gicos y filos&oacute;ficos. O subordinar la contemplaci&oacute;n a la acci&oacute;n, la unidad a la multiplicidad, la calidad a la cantidad. No es ordenado posponer o ignorar a la Divina Providencia.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se habla tanto de ciencia, se siente tanto orgullo al mencionar a la ciencia de la educaci&oacute;n, se blasona tanto de cientificidad. Ninguna ciencia educativa puede desconocer la existencia del pecado original, como bien lo dec&iacute;a P&iacute;o Xl; que es reiterar tambi&eacute;n, una vez m&aacute;s, que no se puede ignorar la vida sobrenatural del educando. La forma de tener una ley cient&iacute;fica, es teni&eacute;ndola justa y ordenada, y lo propio de la justicia y del orden es permitir que el hombre cumpla con el fin que se le ha asignado.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Leyes org&aacute;nicas no son aquellas que abundan en detallismos formales, sumergidos en una marea pedante de incisos y subincisos. Leguleyer&iacute;a hueca que apenas si puede encandilar a las inteligencias vac&iacute;as. Leyes org&aacute;nicas -y se nos perdonar&aacute; la redundancia y la insistencia- son aquellas que reconocen el Orden.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En s&eacute;ptimo lugar, y de acuerdo con lo antedicho, cabe concluir -y concluye valientemente el Padre Garc&iacute;a Vieyra- que si la ley deja a los ciudadanos ineptos para integrarse a los bienes sobrenaturales espec&iacute;ficos de una Civilizaci&oacute;n Cristiana, comete una ofensa y un da&ntilde;o que no le ser&aacute; f&aacute;cil reparar. Lo mismo, si convierte al Estado en fiscalizador omnipotente y absoluto, y reemplaza su condici&oacute;n de subsidiario por la de tir&aacute;nico empresario. No se puede aplicar a la legislaci&oacute;n escolar la ley de la oferta y la demanda.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero es aqu&iacute; donde el r&eacute;gimen liberal ha cometido una de las m&aacute;s flagrantes contradicciones y uno de los m&aacute;s hirientes atropellos. Ha predicado por un lado, la conveniencia de desmantelar el poder&iacute;o estatal; no hay cr&iacute;tica que no se le haya formulado al Estado, en nombre del antiestatismo. Ha renunciado a la idea misma de un Estado &eacute;tico y soberano, y le ha suprimido todos los medios prudencialmente aconsejables para que lo fuera. Sin embargo, mientras esta demolici&oacute;n se consumaba, el Estado se volv&iacute;a omnipotente y discrecional en materia educativa. Y no se trataba ciertamente de un Estado concebido al modo de Oliveira Salazar como persona de bien, sino como instrumento de control del programa revolucionario anticristiano.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ayer y hoy resuenan las palabras de Fray Alberto: &lsquo;la legislaci&oacute;n argentina no se distingue por su sensibilidad juridica. Es lo menos inteligente que se conoce&rdquo;. Lamentamos tener que extender el juicio a otras muchas legislaciones.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En octavo lugar, toda ley educativa justa debe asegurar la titularidad de los padres a la educaci&oacute;n de sus hijos. Y respetar los derechos de la Iglesia, como <em>mater et magistra, </em>que no pueden equipararse a los invocados por las sectas o los falsos cultos.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Son dos afirmaciones complementarias, si bien se miran.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hay s&oacute;lo un par de padres terrenos. El hijo es naturalmente algo de ellos, dir&aacute; Santo Tom&aacute;s en el art&iacute;culo doce, cuestion d&eacute;cima de la <em>II, lIae </em>de la<em> Summa</em>. &ldquo;Ser&aacute; pues contra la justicia natural que el ni&ntilde;o, antes del uso de raz&oacute;n, fuese sustra&iacute;do al cuidado de sus padres&rdquo;. Y se peca contra esta norma, no necesariamente con los extremos violentos de ciertas medidas de los pa&iacute;ses comunistas, que arrancan decididamente a los hijos de sus casas. En estos casos -dramatismo aparte- es sencillo advertir la maniobra. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La supresi&oacute;n de la titulatidad de los padres a la educaci&oacute;n de sus hijos, tiene lugar en los modernos Estados liberales y democr&aacute;ticos, de un modo menos agresivo en apariencia, pero no menos perverso: mediante el control irrestricto de los medios masivos, que desplaza la misi&oacute;n educadora de los progenitores; impartiendo coercitivamente una educaci&oacute;n sexual hedonista, promiscua y justificadora de la contranaturaleza; imponiendo los contenidos b&aacute;sicos generales y obligatorios,de acuerdo a una concepci&oacute;n materialista e inmanentista; adelantando la obligatoriedad de la educacion s&iacute;stematica y convenc&iacute;endo a los mismos padres, con una propaganda insidiosa, de que ya no son ellos sino los &ldquo;especialistas&rdquo; quienes mejor sabr&aacute;n aliviarlos de las responsabilidades de la crianza; legislando en fin, compulsivamente, sobre salud reproductiva, eufemismo que encubre todo el programa de la cultura de la muerte, induciendo en esta maldita l&iacute;nea ideol&oacute;gica el criterio moral de ni&ntilde;os y adolescentes.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Convencidos de ambos presupuestos -de que es mejor &ldquo;socializar escolarmente&rdquo; al chico cuanto antes, y de que peritos de toda &iacute;ndole le resolver&aacute;n los conflictos de una infancia cada vez m&aacute;s compleja- los padres declinan d&oacute;cilmente, sin necesidad de violencias polic&iacute;acas, su misi&oacute;n m&aacute;s propia y ennoblecedora. </p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hay asimismo una sola Madre espiritual y sobrenatural,que es la Iglesia Cat&oacute;lica, Apost&oacute;lica y Romana, fuera de la cual no hay salvaci&oacute;n, aunque tal afirmaci&oacute;n dogm&aacute;tica ya no se recuerde. Y tambi&eacute;n ella es la titular de nuestra crianza de la Fe. Como ocurre con la misi&oacute;n de los padres terrenos, esta titularidad eclesi&aacute;stica se obstaculiza hoy con campa&ntilde;as insidiosas y malevolentes, cuando no con recursos violentos, pero sobre todo con la penetraci&oacute;n delet&eacute;rea en el cuerpo social del funesto principio del pluralismo y del falso ecumenismo. De resultas, son muchos -y a&uacute;n algunos de ellos desde adentro de la misma Iglesia- los que est&aacute;n convencidos de que el Magisterio Eclesi&aacute;stico es una opci&oacute;n m&aacute;s en un men&uacute; de ofertas religiosistas, engrosado a diario por la aparici&oacute;n de grupos sectarios para todos los gustos.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&ldquo;En cualquier escuela a fundarse&rdquo;, escrib&iacute;a el Padre Garc&iacute;a Vieyra, &ldquo;el maestro debe estar como representante de los mismos padres. No del Estado. Porque los hijos antes de pertenecer al Estado pertenecen a la familia&rdquo;. Lo mismo podr&iacute;a haber dicho respecto de la Iglesia, puesto que un verdadero maestro tambi&eacute;n la representa con su c&aacute;tedra, y padres e hijos antes de pertenecer al Estado pertenecen sobrenaturalmente a la Esposa. Mas con crudo realismo, que puede ofender a algunos si no sabe interpretarse, agrega el Padre: &ldquo;En cambio, desde Roca y Sarmiento, el maestro est&aacute; instrumentado para la corrupci&oacute;n de los alumnos&rdquo;. No desmiente este doloroso aserto la existencia de profesores ejemplares, que bien sabemos que los hay. Describe empero, con vigor y rabia, el hecho incontrovertible de una clase docente notoriamente envilecida por el laicismo integral, y adiestrada para servirlo sin escr&uacute;pulos ni l&iacute;mites.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En noveno lugar, y despu&eacute;s de todo lo que se ha advertido sobre los peligros de la estatizaci&oacute;n educativa, conviene establecer con equidad que tampoco es deseable la extinci&oacute;n del Estado, y que no ser&iacute;a justa una ley que no reconociese su papel.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No toca al Estado ser el totalitario planificador y controlador de las personas, pero s&iacute; su resguardo y su cauce. No toca tampoco ser el neutro agente administrador que todo lo permite y justifica, ajeno a los deberes de justicia para con la comunidad hist&oacute;rica. Pero tiene, como dec&iacute;amos, un oficio subsidiario. Protege los derechos de la familia, secunda los derechos de la Iglesia, ejerce la tutela y la vigilancia de los intereses nacionales; interviene, regula, preserva. Y as&iacute; como da contenci&oacute;n y garant&iacute;as, puede exigir respeto y actos de servicio. Es un Estado fuerte, no violento; soberano, no servil;profunda y probadamente moral, jam&aacute;s as&eacute;ptico ni vil. Si tales condiciones ideales se dieran, bien estar&iacute;a que el Estado as&iacute; considerado se reservara en la legislaci&oacute;n escolar aquellas prerrogativas que le son propias.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>- III &ndash;</strong></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>La libertad de ense&ntilde;anza</strong>&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Finalmente, en d&eacute;cimo lugar, ense&ntilde;a el Padre Garc&iacute;a Vieyra, que es falaz y peligroso el principio de la libertad de ense&ntilde;anza, proclamado hoy de un modo indistinto y universal como si se tratase de una verdad inconcusa. Y m&aacute;s peligroso a&uacute;n si se completa con su equivalente, el de la libertad de aprender, cuando cualquier sentido com&uacute;n intacto adivina que no todo aprendizaje es educativo, ni moralmente conveniente.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No basta con la invocada disposici&oacute;n psicol&oacute;gica para fundar la libertad de ense&ntilde;anza; es decir, con la propensi&oacute;n an&iacute;mica o la facultad individual del sujeto. Ni tampoco con el derecho a la iniciativa, sin restricciones; ni menos a&uacute;n con la capacidad econ&oacute;mica de fundar un establecimiento o las correspondientes habilitaciones jur&iacute;dicas. Hay que tener en cuenta qu&eacute; se quiere ense&ntilde;ar. Qui&eacute;nes, c&oacute;mo y para qu&eacute;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No puede haber libertad de ense&ntilde;anza para los enemigos de la genuina libertad que brota de la Verdad. Y si alg&uacute;n sentido tiene hablar de ella es para defender su real fisonom&iacute;a y alcance ante los diferentes modos -sutiles o desembozados- de despotismo estatal.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La trampa terrible del liberalismo deja sentir en este punto su redoblada e hip&oacute;crita presi&oacute;n. Proclama primero todas las libertades, pero en la pr&aacute;ctica, ellas se dividen entre libertad gobernante y gobernada. La primera manda irrestrictamente, la segunda debe obedecer y callar. Una se ense&ntilde;orea y maneja las conductas, impone condiciones, fabrica los l&iacute;mites y las prohibiciones. La otra es una parodia de libertad, caricaturizada a sabiendas y sin verg&uuml;enza.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Inmejorablemente lo expresaba San Mart&iacute;n en su conocida carta a Tom&aacute;s Guido del 1 de febrero de 1834, cuando se preguntaba ret&oacute;ricamente: &ldquo;Qu&eacute; me importa que se me repita hasta la saciedad que vivo en un pa&iacute;s de libertad, si por el contrario se me oprime? &iexcl;Libertad!, d&eacute;sela Usted a un ni&ntilde;o de dos a&ntilde;os para que se entretenga por v&iacute;a de diversi&oacute;n con un estuche de navajas de afeitar y Usted me contar&aacute; los resultados. &iexcl;Libertad! para que un hombre de honor sea atacado por una prensa licenciosa, sin que haya leyes que lo protejan, y si existen se hagan ilusorias... Maldita sea tal libertad, no ser&aacute; el hijo de mi madre el que vaya a gozar de los beneficios que ella proporciona&rdquo;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se habla de la libertad de ense&ntilde;anza en nombre del derecho a la iniciativa privada. El contenido y los fines no importan en esta concepci&oacute;n. Lo cierto es que tal derecho no es tal, sino una simple posibilidad del sujeto, la cual, para que pueda arrogarse concreci&oacute;n p&uacute;blica, lo menos que puede garantizar es el cuidado del Bien Com&uacute;n. La mera iniciativa privada no puede, sin m&aacute;s, convertirse en derecho p&uacute;blico.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se habla por otra parte de la libertad de ense&ntilde;ar fundada en la dignidad de la persona humana. Tampoco existe tal petici&oacute;n de principios. El hombre no es digno porque tiene derechos subjetivos. Tiene derechos para poder alcanzar la dignidad, y la dignidad verdadera consiste en vivir en Orden, respetando el fin para el que fue creado.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El personalismo, a&uacute;n en sus versiones cristianas, concibe al sujeto como autosuficiente, sin d&eacute;bitos de justicia ni deberes respecto del Bien Com&uacute;n. Le basta con proclamar la majestad del individuo, pero se olvida de su indigencia. Por eso sintetiza el punto Fray Alberto, diciendo con su habitual contundencia: &ldquo;no existe una libertad de ense&ntilde;anza fundada en la dignidad de la persona humana. Existe una necesidad de la ense&ntilde;anza fundada en la indigencia de la persona humana&rdquo;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No debe deducirse de lo expuesto que toda libertad de ense&ntilde;anza sea negativa, pues as&iacute; se ha de llamar tambi&eacute;n a la defensa de la ense&ntilde;anza de la Verdad contra todos aquellos que quieran conculcarla. Pero bien estar&aacute; entonces que la legislaci&oacute;n especifique, evitando anfibolog&iacute;as, y que prohiba aquello que Gregorio XVI llamaba libertad de perdici&oacute;n.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De estos diez principios fundamentales del pensamiento pedagogico del Padre Garc&iacute;a Vieyra, siguese una triple conclusi&oacute;n mas que apta para juzgar nuestra actual situaci&oacute;n pol&iacute;tico educacional:</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Es arbitraria e licita en pueblos bautizados, toda legislaci&oacute;n escolar que prescinda de a Ley Natural y de la Ley Divina, por no responder al <em>debitus iustum </em>que la comunidad pol&iacute;tica tiene para con sus miembros Y la arbitrariedad y la ilicitud llevan al legislador a corromper a su pueblo.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Las leyes educativas naturalistas e inmanentistas, han llevado a la bancarrota moral y espiritual y han desembocado en el puro hedonismo Se ha llegado a la penosa circunstancia en la cual, no sabemos defender lo nuestro y silenciamos y permitimos que se silencien los derechos de Cristo.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;- La ignorancia de lo necesario es tan grave como la afirmaci&oacute;n de lo err&oacute;neo. Una ley educativa que silencie los caminos del Bien Moral, que subordine e! bien honesto al bien &uacute;til, que sea fruto de las cavilaciones ideol&oacute;gicas y de las arbitrariedades pedag&oacute;gicas, es arbitraria, anticient&iacute;fica inorg&aacute;nica y funesta. Y justifica la sentencia de Burke: &ldquo;las malas leyes son la peor especie de tiran&iacute;a&rdquo;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo lo cual, se aplica con dolorosa exactitud a nuestra Ley Federal de Educaci&oacute;n, n&ordm; 24.195 y a quienes la han perge&ntilde;ado e instrumentado. Pero ya nos hemos referido oportunamente a ello<sup>5</sup>. Baste recordar apenas, que no fueron casuales las palabras pontificias en la visita <em>ad limina</em> de los obispos argentinos del 11 de noviembre de 1995: &ldquo;En el ordenamiento educativo se insin&uacute;an tendencias contrarias a la tradici&oacute;n cultural de la Naci&oacute;n, con las lamentables secuelas de indiferencia social, escepticismo y confusi&oacute;n de los fieles&rdquo;. Y que incluso, podr&iacute;an haber sido justificadamente m&aacute;s severas, pues no s&oacute;lo se insin&uacute;an tendencias sino que se imponen coactivamente normas que contradicen y ensucian el alma argentina.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No parecen querer entenderlo as&iacute; ciertos representantes de la pedagog&iacute;a &ldquo;cristiana&rdquo; y no pocos &ldquo;cat&oacute;licos profesionales&rdquo; que lideran el ambito educativo y medran abundantemente de &eacute;l. Todos ellos le han dado su aval a la llamada <em>Reforma Educativa de la Escuela Nueva</em>, as&iacute; como al susodicho texto legal en el que se funda, y se encuentran alegres e insensatamente dispuestos a emprender el camino del sagrado cambio. Con la misma insipiencia e irresponsablidad con que ayer aceptaron y promovieron sucesivamente, la educaci&oacute;n activa, liberadora, personalizada o psico genetista.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para todos ellos, las palabras entre admonitoras y prof&eacute;ticas del Santo Padre son absolutamente intrascendentes. No s&oacute;lo aquellas que pronunciara en la susodicha visita <em>ad limina,</em> sino en centenares de ocasiones y en conocidos documentos. &ldquo;La Religi&oacute;n Verdadera&rdquo; -escribi&oacute; por ejemplo en la <em>Cateches&iacute; Tradendae</em> (Vll,69)- &ldquo;debe llegar tambi&eacute;n a la escuela no confesional y a la estatal, pues el respeto demostrado a la Fe Cat&oacute;lica de los j&oacute;venes facilitando su educaci&oacute;n, arraigo, consolidaci&oacute;n, libre profesi&oacute;n y pr&aacute;ctica, honrar&iacute;a ciertamente a todo gobierno, cualquier que sea el sistema en que se basa&rdquo;. Y algo m&aacute;s tarde, en el 32&ordm; <em>Congreso NacIonal de la Uni&oacute;n de Juristas Cat&oacute;licos Italianos</em>, enfatiz&oacute; el siguiente concepto: &ldquo;La convivencia pac&iacute;fica y respetuosa de todo los grupos humanos, no significa que deba adoptarse el neutralismo filos&oacute;fico y religioso en la escuela, pues ello equivaldr&iacute;a a imponer arbitrariamente a los alumnos una visi&oacute;n agn&oacute;stica o evasiva del mundo. Y es obvio que en el caso de una naci&oacute;n prevalentemente cat&oacute;lica, el proyecto educativo del Estado ha de ofrecer un sistema educativo y cultural que no est&eacute; en contradicci&oacute;n con la tradici&oacute;n cat&oacute;lica, sino que por el contrario, se inspire en ella&rdquo;.</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-IV &ndash;</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>La vocaci&oacute;n del maestro</strong>&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Junto con el de la legislaci&oacute;n educativa, el otro gran tema elegido para representar el pensamiento pedag&oacute;gico del Padre Garc&iacute;a Vieyra, es el de la fisonom&iacute;a real del maestro.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En esto, como en todo lo dem&aacute;s, Fray Alberto no quiere tener doctrina propia, sino seguir las huellas de Santo Tom&aacute;s de Aquino.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue Santo Tom&aacute;s, en efecto, en la cuesti&oacute;n Xl del <em>De Veritate</em> llamada justamente <em>De Magistro</em>, el que defini&oacute; al educador como un motor esencial que hace pasar de la potencia al acto lo que habita en la inteligencia de los disc&iacute;pulos.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El simil con el m&eacute;dico no tarda en llegar. As&iacute; como se dice que aqu&eacute;l causa la salud en el enfermo, aunque en realidad la que ha obrado es la naturaleza del enfermo, el maestro causa la ciencia en el disc&iacute;pulo, pero en realidad ha obrado la raz&oacute;n natural.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la profundidad de esta pedagog&iacute;a asoma entonces la ontolog&iacute;a, y m&aacute;s propiamente podr&iacute;a decirse que gracias a ella tiene lugar una misteriosa ontofan&iacute;a. Ese ser que brota y amanece ante la inteligencia deslumbrada del alumno, ha sido posible gracias a una paternidad, a una gestaci&oacute;n primera, a un gesto fundante y a una palabra simiente. Por eso, no s&oacute;lo con el m&eacute;dico sino con el padre, analoga el Aquinate la misi&oacute;n del maestro. El es, ciertamente, un genitor.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lejos, muy lejos, de los dislates pedag&oacute;gicos modernos, que convierten al docente en un personaje obviable o intercambiable, Santo Tom&aacute;s insiste en que el maestro que comunica una ciencia a su disc&iacute;pulo, establece con &eacute;l una relaci&oacute;n en la cual las almas se comunican m&aacute;s all&aacute; de los medios sensibles. Y amparado en esta reflexi&oacute;n, a&ntilde;ade Garc&iacute;a Vieyra, que el maestro, al agregar o sumar su luz propia a las luces del alumno, lo hace seg&uacute;n una influencia vital y personal que bien podr&iacute;a analogarse a la iluminaci&oacute;n que los &aacute;ngeles de las jerarqu&iacute;as superiores suscitan en los &aacute;ngeles de las jerarqu&iacute;as medias e inferiores. Parafraseando a Eugenio D&rsquo;ors cabr&iacute;a plantearse si al fin de cuentas, ense&ntilde;ar no es sino engendrar un &aacute;ngel para que pueda alumbrarnos hasta la eternidad.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una vez consciente de su naturaleza y de su misi&oacute;n, el maestro debe procurarse una formaci&oacute;n acorde. Que deber&aacute; ser ante todo -insiste Fray Alberto- teol&oacute;gica y filos&oacute;fica, porque ense&ntilde;ar es del sabio y la sabidur&iacute;a necesita el cultivo del h&aacute;bito metaf&iacute;sico. Deber&aacute; igualmente conocer el fin &uacute;ltimo del hombre y ordenar a &eacute;l los fines de la educaci&oacute;n. De lo que se sigue que tampoco puede ense&ntilde;arse sin la percepci&oacute;n de una recta antropolog&iacute;a. Y conocer por las causas aquello sobre lo que se diserta, porque no basta con ser un t&eacute;cnico,se necesita ser un art&iacute;fice.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo m&aacute;s dif&iacute;cil sin embargo, y lo m&aacute;s importante, no est&aacute; en el orden de los conocimientos sino en el de la ejemplaridad. Ning&uacute;n magisterio humano se sostiene si el maestro no es ejemplo y modelo para sus disc&iacute;pulos. Ning&uacute;n magisterio puede alcanzar perdurabilidad y trascendencia sino es imitaci&oacute;n imitable del Magisterio de la Cruz. Si quienes lo practican no son capaces de proclamar aquello que dec&iacute;a Rafael S&aacute;nchez Mazas:</p><p align="center">&ldquo;...Y as&iacute; con la mirada en Vos prendida</p><p align="center">y as&iacute; con la palabra prisionera,</p><p align="center">como la carne a vuestra Cruz asida,</p><p align="center">qu&eacute;deseme, Se&ntilde;or, el alma entera.</p><p align="center">Y as&iacute; clavada en vuestra Cruz mi vida,</p><p align="center">Se&ntilde;or, as&iacute;, cuando querr&aacute;is me muera&rdquo;.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La misi&oacute;n m&aacute;s empinada del maestro, por v&iacute;a de la comunicaci&oacute;n de la sabidur&iacute;a y por v&iacute;a de la ejemplaridad, es llevar a disc&iacute;pulos hacia el Divino Maestro, hacia el Verbo Encarnado, hacia Aquel que dijo: &ldquo;Bien hac&eacute;is en llamarme Maestro, pues en verdad lo soy&rdquo; (Jn. 8, 3). Como lo hiciera el mismo Santo Tom&aacute;s, a quien Juan Pablo II llam&oacute; con palabras enjundiosas &ldquo;el modelo tanto del disc&iacute;pulo como del ense&ntilde;ante cat&oacute;lico&rdquo;. Fue en una alocuci&oacute;n del 28 de enero de 1984, con ocasi&oacute;n del J<em>ubileo de las Escuelas Cat&oacute;licas Italianas</em> &ldquo;En la vida y en la obra de Santo Tom&aacute;s&rdquo; -predic&oacute; bellamente el Pont&iacute;fice- &ldquo;encontrar&eacute;is el modelo tanto del disc&iacute;pulo como del ense&ntilde;ante cat&oacute;lico... Tom&aacute;s supo hacer de la escuela lugar de encuentro de Cristo con el hombre que busca la Verdad y la Salvaci&oacute;n. Santo Tom&aacute;s con San Agust&iacute;n, sosten&iacute;a que la obra de misericordia mayor era conducir al hermano desde las tinieblas de la ignorancia hasta la luz de la Verdad, en la que radica el fundamento de la dignidad y libertad del hombre. &iquest;Pero d&oacute;nde encontraba Santo Tom&aacute;s la fuente para esta s&iacute;ntesis de fe y cultura, de empe&ntilde;o eclesial y servicio a la sociedad?</p><p align="justify">La encontraba en la profunda unidad que supo crear, en su esp&iacute;ritu, entre la actividad de estudio y la b&uacute;squeda de la santidad. Si es cierto que la vida de un hombre se pone de manifiesto en su actitud ante la muerte, hemos de decir que toda el alma y la elevada ense&ntilde;anza de Tom&aacute;s, est&aacute; en aquellas humildes y fervorosas palabras que pronunci&oacute;, precisamente, en esa circunstancia, cuando se le llev&oacute; el Vi&aacute;tico: &ldquo;Te recibo a Ti, precio de la redenci&oacute;n de mi alma; te recibo a Ti, Vi&aacute;tico de mi peregrinaci&oacute;n, por cuyo amor he estudiado, velado y rabajado; te he predicado y ense&ntilde;ado; pero nunca he dicho nada contra Ti&rdquo;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;S&iacute;ntesis de estudio y de santidad, de contemplaci&oacute;n y de acci&oacute;n, de genitor y de m&eacute;dico del esp&iacute;ritu: he aqu&iacute; la vocaci&oacute;n substancial de un aut&eacute;ntico maestro. Lograr que sobre el hierro de las almas que le han sido confiadas, pueda penetrar el fuego incandescente del amor divino. Y exclamar al fin, con San Juan de la Cruz, al cierre de su carrera:</p><p align="center">&ldquo;&iexcl;Oh, llama de amor viva</p><p align="center">que tiernamente hieres</p><p align="center">de mi alma en el m&aacute;s profundo centro,</p><p align="center">pues ya no eres esquiva, acaba ya, si quieres</p><p align="center">rompe la tela de este dulce encuentro!&rdquo;&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Analizando estos versos, en un op&uacute;sculo llamado precisamente <em>Llama de amor viva</em><sup><em>6</em></sup><em>,</em> el Padre Alberto Garc&iacute;a Vieyra dec&iacute;a que ese <em>m&aacute;s profundo centro</em> es Dios. Hay otros centros que nos detienen, demoran, obstaculizan o entretienen. Pero la ley de la gravitaci&oacute;n en los esp&iacute;ritus, es la ley del amor, y &uacute;nicamente encuentra su reposo cuando llega al Amor de los Amores.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>- V -</strong></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>Corolario</strong></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entender de este modo, lo que es y debe ser una legislaci&oacute;n escolar y lo que es y debe ser un maestro, ser&iacute;a, en sentido chestertoniano, una real revolucion: dar la vuelta entera, regresar al Orden.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ello exigir&iacute;a una voluntad de lucha, unida a una honda inclinacion por la sabiduria.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eiienne Gilson una obra tan valiosa como poco conocida, <em>Por un orden cat&oacute;lico</em><sup><em>7</em></sup> , sintetizaba tama&ntilde;a exigencia en una sugerente f&oacute;rmula: un nuevo Carlomagno, un nuevo bautismo de CIodoveo. &ldquo;Cuanto m&aacute;s cat&oacute;lica sea la ense&ntilde;anza&rdquo; -agregaba- &ldquo;m&aacute;s probabilidades tendr&aacute; de hacerse respetar y durar. Toda complacencia, todo compromiso para agradar ser&aacute; recompensado con el desprecio de sus adversarios. Cuanto m&aacute;s su ambici&oacute;n se limite a hacerse lo m&aacute;s semejante posible a la casa de enfrente, con la esperanza de hacerse tolerar, tanto m&aacute;s perder&aacute; su raz&oacute;n de ser, hasta a los ojos de sus adversarios, y m&aacute;s se encarnizar&aacute;n en destruirla. La ense&ntilde;anza cat&oacute;lica no es bastante cat&oacute;lica. Que llegue a serlo&rdquo;.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Deber&iacute;an grabar estas palabras -en sus corazones y en sus edificios- los aludidos pedagogos oficiales del catolicismo, que hu&eacute;rfanos de magnanimidad y de ciencia, de coraje y de fidelidad, han decidido parecerse a la casa de enfrente, s&oacute;lo que cobrando un poco bastante m&aacute;s. Olvidados de las obras de misericordia y de los dones de Esp&iacute;ritu Santo -sin los cuales, insistimos una vez m&aacute;s ninguna educaci&oacute;n es posible- han perdido el respeto de los propios y extra&ntilde;os. Disponen solamente del regodeo del mundo.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La vida y la obra de Fray Alberto son esa causalidad ejemplar y esa exigencia, que se necesita en estos tiempos crepusculares para restituirle a la ense&ntilde;anza su sentido cristoc&eacute;ntrico y eminentemente sapiencial.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su obra clara, dominicana, tomista; aquin&oacute;loga dina el Padre Castellani Su vida humilde, afable, servicial, &iacute;ntimamente alegre y gozosa.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuentan que en los tiempos dif&iacute;ciles del Seminario de Paran&aacute; -cuando los aires progresistas amenazaban con disolver la gran obra de Monse&ntilde;or Tortolo, y no faltaban los fisgones que vigilaban los comportamientos todav&iacute;a reaccionarios que quedaban- Fray Alberto, con toda solemnidad y sencillez, comenzaba sus clases, serenamente, arrodill&aacute;ndose delante de una imagen mariana y dirigiendo el rezo de los seminaristas. Sin respetos humanos ni prudencias carnales.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y cuando la enfermedad ya hab&iacute;a cruzado su cuerpo con dolores hirientes, un episodio menor del Convento en que se alojaba -un sacerdote amigo que entra a su celda para higienizarla creyendo que se encontraba fuera de la misma y lo sorprende echado sobre el duro piso- permite descubrir que el Padre, cada vez que escrib&iacute;a sobre la Virgen Mar&iacute;a, lo hac&iacute;a de rodillas. Como Fr&aacute; Ang&eacute;lico con sus pinceles, &eacute;l con su pluma se inclinaba para volcar en el papel, devotamente, sus ense&ntilde;anzas mariol&oacute;gicas. Candor de ni&ntilde;o, pasi&oacute;n de cruzado, santidad y sabidur&iacute;a de eremita.</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una celda entre muros seculares</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;casi igual que las otras del convento,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;con mirada al jard&iacute;n o al pensamiento</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;florecido en azules y en cantares.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una celda celda nom&aacute;s entre sus pares</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;pero all&iacute; est&aacute; el Antiguo Testamento,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;el misal tridentino, el juramento</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de ser fiel a los padres tutelares.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Est&aacute; la <em>Summa</em> abierta, el crucifijo,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;una rama de olivo, la esclavina,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;ese recuerdo que una vez bendijo.&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Rodilla en tierra, sin atril ni manta</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;en esta tarde m&aacute;s santafecina,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;escribe as&iacute; sobre la Virgen Santa.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tambi&eacute;n nosotros hoy, quisi&eacute;ramos repetir su gesto. Y desafiando a los sabihondos infatuados y grises, imp&iacute;os e indoctos, postrarnos a los pies de la Virgen, repitiendo con voz tonante: Maria, <em>Sede Sapientiae</em>, ora pro nobis, ora pro nobis, ora pro nobis.</p></div>]]></description><pubDate>Thu, 22 Jun 2006 14:48:00 +0000</pubDate></item><item><title>El Padre Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu</title><link>https://caponnetto.blogia.com/2006/062205-el-padre-alberto-ignacio-ezcurra-uriburu.php</link><guid isPermaLink="true">https://caponnetto.blogia.com/2006/062205-el-padre-alberto-ignacio-ezcurra-uriburu.php</guid><description><![CDATA[<p align="center"><strong>- I -</strong>&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;En el <em>Directorio para el ministerio y la vida de los presb&iacute;teros</em> -que con la gu&iacute;a y la r&uacute;brica del Santo Padre, dio a conocer la <em>Congregaci&oacute;n para el Clero</em> el Jueves Santo de 1994- se definen con valiosos conceptos, la identidad, la espiritualidad y la formaci&oacute;n permanente que han de tener los sacerdotes cat&oacute;licos.&nbsp;<br /></p><p align="justify">La identidad, seg&uacute;n bien se afirma, comprende cuatro dimensiones n&iacute;tidamente demarcadas, pero unidas a la vez entre s&iacute; en arm&oacute;nico haz. Por la <em>dimensi&oacute;n trinitaria</em>, el ejercicio sacerdotal se funda para siempre en el amor del Padre, en el apacentamiento pastoril del Hijo y en los dones preciosos del Esp&iacute;ritu Santo.&nbsp; Min&iacute;sterio y Misterio sellan su enlace en el cobijo salvador de la Sant&iacute;simia Trinidad. Por la <em>dimensi&oacute;n cristol&oacute;gica</em> el sacerdote se convierte <em>stricto&nbsp; sensu</em> en <em>alter Christus</em>, ligado a &Eacute;l como un brote vivo a la Vid, como el Pan al buen grano de trigo. Su vida es misionera y apost&oacute;lica, env&iacute;o constante hacia los hombres para echar las redes celestes sobre las costas de sus almas. Por la <em>dimensi&oacute;n pneumatol&oacute;gica</em> lo asiste la promesa del Par&aacute;clito de quedarse con &Eacute;l sempiternamente, fortaleci&eacute;ndolo con sus virtudes. Si alguna fuerza encuentra el sacerdote para conducir la comunidad en medio de la peripecia, ella le viene de la Tercera Persona, de ese Gran Desconocido que todo lo conoce. Y al fin, por la <em>dimensi&oacute;n eclesiol&oacute;gica</em> queda ligado a la Iglesia en tanto siervo y esposo. Con amor de vasallo y de c&oacute;nyuge, con entrega leal y nupcial, fiel y fecunda, sin conceciones ni dudas. Unido por su incardinaci&oacute;n a una tierra particular y a un tiempo propio, mas sin perder de vista la universalidad y la eternidad. Su autoridad es servicio y sacrificio, no homologaci&oacute;n de potestades con los fieles. Y la raz&oacute;n de su preeminencia es la primera raz&oacute;n de su entrega generosa hacia el pr&oacute;jimo.&nbsp;<br /></p><p align="justify">La identidad del sacerdote, entonces, es su ser en la Iglesia y en la mist&eacute;rica inefabilidad del Dios Uno y Trino.&nbsp;<br /></p><p align="justify">Tiene tambi&eacute;n el sacerdote su espiritualidad inherente, y se nos recuerdan en este documento algunos de sus rasgos irrenunciables.&nbsp;<br /></p><p align="justify">La condici&oacute;n misionera, exigi&eacute;ndose la evangelizaci&oacute;n cada d&iacute;a, como heraldo de la esperanza. El car&aacute;cter militante, enfrentando y venciendo el desaf&iacute;o de las sectas y de los cultos falaces, con una catequesis madura y completa. La capacidad de oraci&oacute;n, de mortificaci&oacute;n y de vida contemplativa, uni&eacute;ndose al Se&ntilde;or en Getseman&iacute; para compartir despu&eacute;s Su Resurrecci&oacute;n Victoriosa. El celo pastoral hacia su grey, el testimonio de la Palabra, la donaci&oacute;n entera sin retaceos, la predicaci&oacute;n del Magisterio.&nbsp;<br /></p><p align="justify">La espiritualidad sacerdotal no se edifica sino en la Eucarist&iacute;a, hincado frente al Sagrario para poder permanecer de pie junto a los hombres. No se aquilata sino en la confesi&oacute;n, inclin&aacute;ndose con misericordia de samaritano sobre las heridas del esp&iacute;ritu. No se enriquece sino en la pobreza y el desapego, en la obediencia y en la castidad. Espiritualidad robusta e intacta que se traduce en los gestos y en el habla, en el silencio y en el h&aacute;bito talar. Y en la devoci&oacute;n a la Virgen Mar&iacute;a, recibiendo como personales, las palabras dirigidas a Juan desde la Cruz: &laquo;Hijo, he ah&iacute; a tu Madre&raquo;.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Espiritualidad en suma, alejada de pietismos como de concesiones mundanas, y esculpida en la reciedumbre y en la varon&iacute;a, que da la decisi&oacute;n serena y libre de escoltar al Se&ntilde;or hasta alcanzar el Reino de los Cielos.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Toca al fin el <em>Directorio</em>, como lo se&ntilde;al&aacute;bamos al principio, la tercera cualidad que jerarquiza y distingue al sacerdocio: su formaci&oacute;n permanente. Que ha de ser completa y sin fisuras &mdash;encarada como v&iacute;a de santificaci&oacute;n antes que de profesionaiisino&mdash; y ordenada a la apolog&eacute;tica y a la crianza espiritual de los fieles, sobre todo de aquellos que se sienten vocados al Orden Sagrado. Formaci&oacute;n reacia a las vanas novedades y respetuosa de la Tradici&oacute;n; lejos del todo de viejas y modernas herej&iacute;as, pr&oacute;xima a la Fe inaugural y final, que no conoce ocaso ni muda de significados.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hasta aqu&iacute; en imperfecta s&iacute;ntesis, este manojo de verdades antiguas reiteradas por la <em>Congregaci&oacute;n para el Clero</em>. Y si nos hemos detenido en ellas es porque las mismas parecen escritas a la medida del destinatario de estas p&aacute;ginas, ya que el arquetipo sacerdotal que presentan fue encarnado cabalmente por el Padre Alberto Ezcurra.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nunca disimul&oacute; su identidad sacerdotal, ni en las formas ni en el fondo. Gustaba ir &laquo;de uniforme&raquo; -como llamaba a la sotana- pero gustaba m&aacute;s a&uacute;n ir demostrando entre propios y ajenos que el Orden Sagrado, al igual que la vera milicia, es una libertad antigua: no admite la duda ni soporta a los tibios, No ten&iacute;a horarios de atenci&oacute;n religiosa: sus jornadas eran enteras de Cristo, y &laquo;ora beb&aacute;is, ora&nbsp; com&aacute;is&raquo; -como quer&iacute;a San Pablo- lo hac&iacute;a todo en nombre del Se&ntilde;or. Sin embargo, y ser&iacute;a mejor decir: en consecuencia, carec&iacute;a de poses pietistas o de exteriorizaciones penitenciales. Era el hombre interior. Y sin querer mostrarse se mostraba, por la sola fuerza que tiene lo que brota de adentro pero asistido desde lo Alto. Sacerdote cat&oacute;lico, apost&oacute;lico y romano. Las tres cosas fue en tiempos de deserciones y de conductas h&iacute;bridas.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nunca desdibuj&oacute; tampoco su personal espiritualidad, ni la redujo, como tantos, a una reglamentaci&oacute;n casu&iacute;stica o a un emocionalismo f&aacute;cil. Se hizo misionero para llevar la Fe a los corazones m&aacute;s desheredados de esta Argentina doliente. Y apologista para enfrentar la maldici&oacute;n de las sectas y las mentiras mas&oacute;nicas. Y orador entusiasta, para aplacar con las voces exactas los ruidos fariseos, y celebrar con la palabra justa las glorias de la Cristiandad. Se hizo penitente y buen pastor, testigo y disc&iacute;pulo, formador de j&oacute;venes y fortalecedor de veteranos. Confesor a la hora del perd&oacute;n, portador de la Sagrada Forma, cuando la soledad de la prisi&oacute;n golpe&oacute; a tantos amigos, capell&aacute;n de tropas aprontadas para la guerra, y familiar de los ca&iacute;dos en el momento de comunicar la buena muerte a sus deudos. Se hizo siempre buscador de las cosas de arriba, sin negarse a las legitimas de abajo. Pero &eacute;l las elevaba, y con humor criollo nos las hac&iacute;a agraciadas. Quien haya compartido el mate, las caminatas, o alguna porte&ntilde;a o provinciana sobremesa, nos dir&aacute; seguramente que as&iacute; era el Padre Alberto.&nbsp;<br /></p><p align="justify">Fiel a su identidad su espiritualidad sacerdotal, lo fue tambi&eacute;n a su formaci&oacute;n.&nbsp;<br /></p><p align="justify">La ten&iacute;a por crianza y por estudio, por herencia familiar y por dedicaci&oacute;n sistem&aacute;tica. Sab&iacute;a entonces dar respuestas como sab&iacute;a callar cuando conviene. Las lecturas m&aacute;s impensadas, los autores m&aacute;s heterodoxos, las informaciones m&aacute;s sutiles, los rnanejaba con la misma soltura que la teolog&iacute;a moral y la dogm&aacute;tica. A cada cosa su sitio, a cada libro su valor merecido.&nbsp;<br /></p><p align="justify">Pero no hac&iacute;a alardes ni posaba de docto. Casi se dir&iacute;a que alardeaba de lo contrario, de escribir poco y &laquo;presionado&raquo;, y de ser cura rural antes que licenciado; tal vez, para no acabar resquebrajadizo como el <em>Vidriera</em> de Cervantes, o ap&aacute;trida como el canciller alfons&iacute;nico de la triste figura, ya que a Cervantes mentamos. Sus modelos no estaban en los cen&aacute;culos de la <em>intelligentzia </em>sino en las huellas de Brochero.&nbsp;<br /></p><p align="justify">Como lo dijera el Padre Coll en logrado romance, &laquo;su vida fue este entramado: guerrero, ni&ntilde;o y maestro&raquo;<sup>1</sup>. Por eso -por ni&ntilde;o y por maestro- conservaba a la par el candor y la preeminencia, la reacci&oacute;n pronta y vivaz junto a la reflexi&oacute;n sesuda. Y por eso -por combatiente- no falt&oacute; a ninguna contienda de las muchas y bravas en las que estuvo en juego la defensa de Dios y de la Patria. Acert&oacute; Jorge Ferro al dedicarle a su persona un hermoso soneto que recuerda a <em>Faramir</em>, precisamente uno de esos paradigmas del guerrero, que dibuj&oacute; con maestr&iacute;a Tolkien en <em>El Se&ntilde;or de los Anillos</em>...&nbsp;<br /></p><p align="center">&laquo;Tal vez en un reflejo, en una sombra,</p><p align="center">en un crujir de avios y de cuero</p><p align="center">me pareci&oacute; que adivin&eacute; tu paso.&nbsp;<br /></p><p align="center">O es la llama brillando en el acero</p><p align="center">cuando el fog&oacute;n amigo en un ocaso,</p><p align="center">revive con la voz del que te nombra&raquo;.<sup>2</sup>&nbsp;<br /></p><p align="justify">Son palabras que se le aplican y que nos llenan de esperanza.&nbsp;<br /></p><p align="justify">Pero &iquest;qu&eacute; era ser sacerdote para este hombre al que estamos definiendo prioritariamente como tal? El mismo nos lo ha dicho, el 10 de diciembre de 1992, en la Homil&iacute;a de la Misa de Ordenaci&oacute;n del Padre Jorge Hetze: &laquo;Hay un misterio grande en el cielo que es la Sant&iacute;sima Trinidad. Y hay un misterio grande aqu&iacute; en la tierra que es la Eucarist&iacute;a. En el cielo la Trinidad y en la tierra la Eucarist&iacute;a. El sacerdocio est&aacute; unido a la Eucarist&iacute;a. Jes&uacute;s los instituy&oacute; juntos, y al sacerdocio lo instituy&oacute; para la Eucarist&iacute;a. Es un misterio. Y a veces, precisamente porque ignoran la caracter&iacute;stica del misterio que tiene el sacerdocio, es que los hombres no pueden comprenderlo. Tratan de entenderlo con categor&iacute;as humanas, sociol&oacute;gicas, hist&oacute;ricas; como si fuera un consejero sentimental, un psic&oacute;logo, un soci&oacute;logo, un pol&iacute;tico, un agitador, como si fuera un empleado de la Iglesia. El sacerdote es el hombre de la Palabra. Es el hombre de los Sacramentos&raquo;.&nbsp;<br /></p><p align="justify">Figura brocheriana la de Alberto Ezcurra, si se la sigue con af&aacute;n biogr&aacute;fico, reconstruyendo&nbsp; los nombres y los paisajes que frecuentara en su fecundo itinerario sacerdotal, se ver&aacute; sin hip&eacute;rbole que se le aplican los versos con que Belisario Rold&aacute;n retratara al c&eacute;lebre cura gaucho:&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&ldquo;Bordeando las sierras, el poncho por capa,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;va el cura sereno leyendo el Breviario,</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;debajo del brazo sostiene una estaca</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;sobre cuyos nudos se enrosca un rosario&rdquo;&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>- II -</strong>&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As&iacute; retratado, esta personalidad eminentemente religiosa, no puede entenderse ni evocarse empero sin el otro gran rasgo que defini&oacute; su car&aacute;cter : el amor apasionado a la Patria.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Amor afectivo y efectivo, como sab&iacute;a distinguir acertadamente. Con toda la sensibilidad estremecida frente a la belleza de lo amado, pero fundamentalmente, con el entendimiento y la voluntad prontos para conocer el aut&eacute;ntico bien de lo que se quiere. Querer de complacencia y de exigencia, de benepl&aacute;cito y de servicio, de emoci&oacute;n y de intelecci&oacute;n, de alegr&iacute;a y de pena, puesto que son gemelas a la hora del buen amor.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el Padre Ezcurra el patriotismo fue -como debe ser- una virtud fundada en el Cuarto Mandamiento. Una siembra y un cultivo, una custodia de ra&iacute;ces antiguas, una tutela de or&iacute;genes inamovibles. Un canto fogonero en la alborada, y un llanto contenido ante las ruinas. Nostalgia de grandezas y dolor de cautiverio, orgullo de epopeyas y herida frente al escarnio. El patriotismo se le hizo nom&aacute;s -seg&uacute;n el verso marechaliano- una tarea de alba&ntilde;iler&iacute;a junto a una vocaci&oacute;n de agricultura. Pilar y semilla, grano y piedra, surco y adobe. Para que brote la tierra y se edifique, hecha flor y guijarro.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El patriotismo reclama entonces al patriota; esto es, al magn&aacute;nimo, al p&iacute;o, al capaz del ascetismo y del sacrificio extremo. A ese hombre nuevo que predic&oacute; el Ap&oacute;stol y que el Capit&aacute;n Codreanu visti&oacute; de cruzado para el rescate cristiano del suelo en que se ha nacido. Se es patriota cabal de la naci&oacute;n que nos ha dado su ser hist&oacute;rico, s&oacute;lo cuando se empieza por clavar el ancla del alma en el paisaje celeste. &laquo;Nuestra ciudadan&iacute;a nos viene del Cielo&raquo;, aclarar&aacute; nuevamente San Pablo (Fil. 3,20).&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entender as&iacute; al patriotismo, supone comprender primero que la Patria es un Don de la Divina Providencia, una heredad legada por el Dios de los Ej&eacute;rcitos, un patrimonio f&iacute;sico y metaf&iacute;sico inviolable. Con ecos del Para&iacute;so &mdash;primer solar humano&mdash; y prefiguraciones de la Ultima Morada. La Patria es una par&aacute;bola trazada perfectamente por el Creador para nuestro cobijo y resguardo. Nadie puede quebrar su trazo irreprochable sin ofender a la Divina Mano que la compuso. La Patria es un aljibe que derrama aquella agua, brotada de la roca en el Comienzo, por voluntad del Padre. Secarla es someterse a una sed que no se calmar&aacute; nunca: la sed del hombre errante que traicion&oacute; su sementera. No hay derecho a proscribir lo sobrenatural de la vida de una naci&oacute;n, escribi&oacute; Monse&ntilde;or Berteaud, pues es como exiliar al alma del cuerpo, a la gracia de la naturaleza, al Angel de nuestros pasos. Y cuando esto ocurre, los pa&iacute;ses caen desplomados y se tumban sin sentido<sup>3</sup>.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As&iacute; conceb&iacute;a a la patria y al patriotismo el Padre Alberto Ezcurra. De un modo pleno, profundo, hondamente teol&oacute;gico, sacramental. Sab&iacute;a que ni la clase ni el partido, ni la raza ni la geograf&iacute;a son razones suficientes y l&iacute;citas de un recto nacionalismo. S&oacute;lo el af&aacute;n de construir la Cristiandad en el tiempo y en el espacio en que hemos sido plantados. S&oacute;lo el combate por instaurar en Cristo los l&iacute;mites visibles e invisibles de la argentinidad.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era l&oacute;gico entonces que hiciera de la patria y del patriotismo un tema de predicaci&oacute;n permanente. Aunque pudiera costarle la sangre, como al Padre Popieluszko, a quien tanto admiraba.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La Argentina que surge de sus <em>sermones patri&oacute;ticos</em><sup><em>4</em></sup> es la que debe ser, porque ya fue. Porque demostr&oacute; su ejemplaridad en la historia y en su proyecci&oacute;n universal. La que fundaron los Reyes Cat&oacute;licos con un gesto imperial y misionero. La que expuls&oacute; al hereje y tribut&oacute; sus estandartes a los pies de Mar&iacute;a. La que eligi&oacute; los colores de su manto para tener bandera. La que escal&oacute; los Andes para mirar m&aacute;s alto la independencia de Am&eacute;rica. La que alist&oacute; a sus gauchos para servir de antemural y de baluarte, de fuerte y centinela. La Argentina de Hernandarias y Saavedra, de San Mart&iacute;n y G&uuml;emes y Belgrano. La que fue estrella federal con Don Juan Manuel de Rosas, Caudillo de los caudillos y &uacute;ltimo Pr&iacute;ncipe Cristiano. La de los montes tucumanos enfrentando a los rojos en Manchal&aacute;, Acheral o Lules, sin que arrepentimientos mendaces puedan rozar ahora la haza&ntilde;a que ayer tejieron con sus vidas nuestros soldados. La Argentina del 2 de abril, con sus ca&iacute;dos gloriosos en el suelo entra&ntilde;able de Malvinas.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No ignoraba tampoco las miserias de la Patria. Quedan descriptas en sus conferencias y homil&iacute;as, con su estilo directo, entusiasta, reiterativo. Pero nunca lo asalt&oacute; la tentaci&oacute;n del pesimismo, ni la desesperaci&oacute;n de una autocr&iacute;tica despiadada, ni el exceso verbal de juzgarnos nada m&aacute;s que lodo, ruinas, fealdad y oprobio. Como la <em>Dulcinea</em> de Castellani, tras el cuerpo marchito y el coraz&oacute;n llagado, &eacute;l ve&iacute;a una dama por la que era impostergable batirse, hasta restituirle el rostro de los d&iacute;as inaugurales.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La esperanza lo asist&iacute;a. Aquella sin desaliento de la que hablaba Jos&eacute; Antonio. Y lo acompa&ntilde;&oacute; hasta el final, con m&aacute;s motivos, porque precisamente en v&iacute;speras del tr&aacute;nsito -cercano ya a la Iglesia Triunfante- entreve&iacute;a que por el misterio de la Comuni&oacute;n de los Santos no cabe pensar en el abandono de las creaturas por parte del Creador.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La Argentina no naci&oacute; factor&iacute;a, mercado, colonia o muladar. Una proa mariana desembarc&oacute; en sus playas, una Cruz Redentora iz&oacute; el aire de octubre. Una espada sin mancha cort&oacute; el velo de ruinas. No puede la causa final guardar desproporci&oacute;n con la causa eficiente. No ha de terminar arrastrada la que naci&oacute; bajo las alas del Esp&iacute;ritu...&nbsp;<br /></p><p align="center">No es la niebla o el ruido o el ocaso</p><p align="center">que ensombrecen la plata de tu nombre,</p><p align="center">ni este f&eacute;rreo crep&uacute;sculo del hombre</p><p align="center">anudando tu forma en el fracaso.&nbsp;<br /></p><p align="center">Ayer ancl&oacute; una nave y en su quilla</p><p align="center">tra&iacute;a el Parten&oacute;n, la luz del Foro,</p><p align="center">el pend&oacute;n de Santiago en gualda y oro</p><p align="center">para izarlo en el limo de la orilla.&nbsp;<br /></p><p align="center">Despu&eacute;s al Sur, por r&iacute;o sin frontera,</p><p align="center">la vieron navegar entre alabardas</p><p align="center">como un galope azul, como un castillo.&nbsp;<br /></p><p align="center">Y ahora dicen que muere en la escollera</p><p align="center">pero velan arc&aacute;ngeles de guardas</p><p align="center">tras la estampa marcial de alg&uacute;n Caudillo&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por esto, porque no puede perderse la esperanza, el Padre Alberto Ezcurra prepar&oacute; pacientemente, para despu&eacute;s de su muerte, un licor exquisito y cuidado, con el que brindaron sus amigos y camaradas al regresar del camposanto<sup>5</sup>.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nadie brinda por la derrota ni degusta ante el fracaso. Nadie alza las copas sin festejo mediante. Fue todo un testamento, redactado en forma de s&iacute;mbolo vivo, por este hombre al que le fastidiaba escribir: el s&iacute;mbolo de la dulzura del licor que vence la acidez del desconsuelo, la dulcedumbre de la esperanza contra el agriamiento de la aced&iacute;a.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dicen que un hombre se conoce por sus frutos. Un sacerdote patriota por sus hijos espirituales.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al mes de su muerte, un seminarista, hoy sacerdote, el Padre Luis Facello, me env&iacute;aba una carta que retrata al maestro y al disc&iacute;pulo. Est&aacute; fechada el 26 de junio de 1993, y no creo cometer infidencia alguna al transcribirla fragmentariamente: &laquo;por gracia de Dios&raquo;, dice, &laquo;presenci&eacute; la &uacute;ltima agon&iacute;a y muerte del Padre. Todos vimos desfilar junto al lecho de una vida que se extingu&iacute;a, el fruto de Vida en la multitud de sacerdotes y pichones, hijos todos engendrados por el Cura que se iba. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s iba a tener lugar la ceremonia de Imposici&oacute;n de Sotanas a los de Primer A&ntilde;o. Mientras hac&iacute;a una apolog&iacute;a del h&aacute;bito se unieron en mi mente dos hechos providenciales, que seguir&aacute;n all&iacute; presentes por lo que quede de mi vida, como ejemplos de lo eterno injertado en el tiempo. Desde que tuve clara la Vocaci&oacute;n dese&eacute; con ansias la sotana, justamente como signo de aqu&eacute;lla. Luego de la Imposici&oacute;n recuerdo un hermoso abrazo del Padre Ezcurra y la frase que &eacute;l siempre repet&iacute;a en estas ocasiones: &ldquo;Ahora que se encarne&rdquo;. &iexcl;Qui&eacute;n pod&iacute;a pensar que tres a&ntilde;os despu&eacute;s yo iba a revestir con esa segunda carne su cuerpo sin vida! Para colmo, luego de revestirlo junto con tres curas y otros dos seminaristas, Dios quiso hacerme otro regalo: entre preparativos y preparativos, qued&eacute; unos momentos solo en la habitaci&oacute;n del hospital junto al cuerpo del Padre con sus ornamentos sacerdotales. Fueron instantes casi eternos, en que s&oacute;lo atin&eacute; a tomar sus manos enredadas con su Rosario y la Cruz con la que muri&oacute;, y escuchar su &uacute;ltimo serm&oacute;n: el Serm&oacute;n del Silencio. Nunca olvidar&eacute; aquellos d&iacute;as&raquo;.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hacia la misma fecha, otro seminarista, tambi&eacute;n hoy sacerdote, el Padre Hern&aacute;n Sebasti&aacute;n Sanchez Rioja,&nbsp; publicaba este <em>Romance</em>, cuyo final declara:&nbsp;<br /></p><p align="center">&laquo;Padre Ezcurra vos que ahora</p><p align="center">est&aacute;s delante de Dios,</p><p align="center">acordate de nosotros,</p><p align="center">mandanos tu bendici&oacute;n.</p><p align="center">Acordate de esta patria</p><p align="center">que tanto dolor te dio;</p><p align="center">de esta Iglesia que a&uacute;n combate</p><p align="center">cercada de confusi&oacute;n,</p><p align="center">de las familias cristianas,</p><p align="center">de las que casi ni son,</p><p align="center">de tus hijos sacerdotes,</p><p align="center">de aquellos en formaci&oacute;n,</p><p align="center">que no volvamos la espalda</p><p align="center">ni se enfr&iacute;e el coraz&oacute;n,</p><p align="center">que no se nos pierda el alma</p><p align="center">cegada en la cerraz&oacute;n:</p><p align="center">que aunque el barco se nos hunda</p><p align="center">la esperanza en Cristo no.</p><p align="center">Remolcanos hasta el cielo</p><p align="center">con poderosa oraci&oacute;n,</p><p align="center">sacanos hasta la orilla</p><p align="center">donde no existe el dolor.</p><p align="center">Y si acaso te fallarnos</p><p align="center">no nos falles nunca vos.&nbsp;<br />&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Son testimonios transparentes que se comentan solos. Y no son por cierto, ni &uacute;nicos n&iacute; aislados; se podr&aacute;n recoger otros tantos, en cada sitio, en cada alma, donde el Padre cal&oacute; hondo con su mester de clerec&iacute;a. Me toc&oacute; por ejemplo, el honor de ser invitado por uno de sus disc&iacute;pulos, el Padre Luis Murri, a la parroquia que con entusiasmo firme conduce en el coraz&oacute;n mismo de nuestra pampa:San Jos&eacute;, de Quem&uacute;-Quem&uacute;. En un momento apacible de la pueblerina tarde, unas j&oacute;venes de la parroquia &ndash;que no lo conocieron a Ezcurra, pero que escucharon los relatos sobre &eacute;l que lleno de admiraci&oacute;n les comunic&oacute; su p&aacute;rroco- entonaron una zambita a su memoria, compuesta por Mariano Coll:&nbsp;<br /></p><p align="center">Cejas tupidas el hombre,</p><p align="center">orejas de guardamonte,</p><p align="center">sab&iacute;a apialar corazones</p><p align="center">en el corral o en el monte.&nbsp;<br /></p><p align="center">Lo vide en el seminario</p><p align="center">cebando un mate rechoncho,</p><p align="center">lo rodeaban los muchachos</p><p align="center">como flecos de su poncho&hellip;&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con emoci&oacute;n comprend&iacute; entonces lo que tantas veces hab&iacute;a le&iacute;do en los maestros griegos: sabr&aacute;s qui&eacute;n es el h&eacute;roe, porque su memoria podr&aacute; ser cantada, a&uacute;n por las generaciones que no lo conocieron.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al volver a San Rafael, tras su muerte &ndash;y es otro ejemplo- un pu&ntilde;ado de j&oacute;venes me acompa&ntilde;&oacute; hasta su tumba. Ya era el verano absoluto, y el sol ca&iacute;a a pleno sobre la placa que protege su f&eacute;retro. Las letras del epitafio brillaron entonces con m&aacute;s empe&ntilde;o que nunca: <em>Milicia es la vida del hombre sobre la tierra</em> (Job 7,11)&nbsp; La misma divisa que imprimi&oacute; en la estampa del d&iacute;a de su Ordenaci&oacute;n. La misma que lo acompa&ntilde;&oacute; desde sus horas juveniles, cuando sacudi&oacute; la modor ra de los rendidos con la pujanza de un patriotismo vigoroso.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despues del rezo silente, partimos, sin dec&iacute;rnoslo, con el entusiasmo retemplado. Se percib&iacute;a con nitidez, un&aacute;nimemente; la garganta anudada y la boca todav&iacute;a llena de plegarias. Milagro de la tumba, del sol y la divisa. Milicia es la vida del hombre sobre la tierra. &nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>- III -</strong>&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como se ve, si mucho nos leg&oacute; su vida, no menos comunic&oacute; su muerte.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Muri&oacute; en San&nbsp; Rafael, el 26 de mayo de 1993, despu&eacute;s del Domingo de la Ascenci&oacute;n y cuando la liturgia aguarda la fiesta de Pentecost&eacute;s. Entre familiares y amigos, disc&iacute;pulos y hermanos en el sacerdocio, escuch&oacute; las oraciones y los rezos, y finalmente el silencio. Escuch&oacute; las voces humanas que lo desped&iacute;an y la voz rotunda del Padre que lo llamaba bienvenido. Parti&oacute; sereno y alegre con la certeza del que conoce la Ciudad que lo aguarda, con la confianza en un reencuentro entra&ntilde;able claramente previsto y postergado.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es que la muerte no fue una sorpresa para &eacute;l. La sab&iacute;a pr&oacute;xima e inevitable y se prepar&oacute; a recibirla con hospitalidad cristiana. Hablaba de ella con naturalidad y sin afectaciones, sin una sola queja espiritual o f&iacute;sica, sin un reproche tr&aacute;gico ni solemnes anuncios. Y con un admirable sentido del humor que distend&iacute;a nuestras visitas y nuestros di&aacute;logos &mdash;a&uacute;n sabiendo que pod&iacute;an ser los &uacute;ltimos&mdash; y cubr&iacute;a con gracia lo que sin su grandeza hubiera resultado dram&aacute;tico. Nunca permiti&oacute; que la conversaci&oacute;n girara sobre sus malestares o sus dolorosos s&iacute;ntomas, ni tuvo la humana tentaci&oacute;n de inspirar pena o de suscitar condolencias. A su lado la palabra era memoria de antiguas luchas, compromiso de esfuerzos presentes y ense&ntilde;anza festiva de las grandes verdades, Como Tom&aacute;s Moro, la adversidad no dobleg&oacute; su risa, ni lo despoj&oacute; tampoco de los leg&iacute;timos deleites que comparti&oacute; hasta el final con quienes quer&iacute;a. Sab&iacute;a que cada d&iacute;a trae su af&aacute;n y viv&iacute;a sencillamente la par&aacute;bola de los lirios del campo. El pan y el vino eran en su mesa emblema de camarader&iacute;a, y en sus manos consagradas el Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or. Misteriosa juntura de lo natural y de lo sobrenatural que transmit&iacute;a en todos sus actos. Y as&iacute;, verlo en su cuarto del Seminario o en su casa, en la predicaci&oacute;n o en la conferencia, en la tertulia o en la homil&iacute;a, era verlo varonilmente entero, hecho para el combate de abajo y para la contemplaci&oacute;n de &ldquo;las cosas de arriba&rdquo;.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alberto Ezcurra, lo dijimos, quiso ser y supo ser egregiamente sacerdote de Cristo. Cualquier visi&oacute;n de su personalidad que omita o desdibuje este atributo, angostar&aacute; su verdadera imagen e impedir&aacute; su cabal comprensi&oacute;n. Porque no llega al sacerdocio por descarte o por resignaci&oacute;n de proyectos humanos. Llega en la plenitud de su dodlidad al requerimiento divino. No abandona responsabilidades contra&iacute;das ni pretende encontrar refugios f&aacute;ciles. Elige la senda angosta y dif&iacute;cil, a la intemperie y al descampado de las protecciones mundanas. Elige el Orden Sagrado que es el m&aacute;s audaz encuadramiento que puede preferir el alma bautizada. Y se queda para siempre con esa &ldquo;mejor parte&rdquo;, en cuya defensa el sacrificio y el hero&iacute;smo se vuelven exigencias cotidianas. El mismo lo dec&iacute;a siendo ya seminarista: <em>&ldquo;Dios me quiere aqu&iacute;... El conoce el plan general de la batalla y yo soy un soldado y cumplo &oacute;rdenes&rdquo;</em>. Es vana <em>&ldquo;la actividad aparente del que goza de una falsa libertad en la patria encadenada... Todo es in&uacute;til si falla el hombre... Hay que vivir plenamente el estilo, dar un testimonio de vida y de conducta&rdquo;.</em> Por eso el sacerdocio: para mejor responder al Dios de los Ej&eacute;rcitos, para forjar la verdadera libertad y la genuina victoria, para labrar en el hombre un testimonio y un estilo capaces de rescatar a la patria prisionera.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y en tanto sacerdote cumpli&oacute; fielmente con su ministerio, desbord&aacute;ndose en gestos de amparo, especialmente con los m&aacute;s humildes. No se crea que es &eacute;sta una de esas frases de circunstancias inevitablemente estampadas en las necrol&oacute;gicas. Un v&iacute;vido anecdotario rafifica la aserci&oacute;n y una multitud de testigos no nos dejan mentir. Cuando el Padre Alberto misionaba eleg&iacute;a los parajes m&aacute;s desatendidos e inh&oacute;spitos, all&iacute; donde los criollos hab&iacute;an sido abandonados a su suerte por la perversidad del sistema dominante. Y volv&iacute;a de la misi&oacute;n, rico en experiencias apost&oacute;licas y en decires campestres que sol&iacute;a aplicar en sus clases y cursos. Su gloria &mdash;gustaba repetirlo&mdash; no era tanto haber estudiado en Europa cuanto haberse desempe&ntilde;ado como cura rural. Se cumpli&oacute; en &eacute;l una vez m&aacute;s la sentencia de San P&iacute;o X: &ldquo;los mejores amigos del pueblo no son los revolucionarios o los innovadores sino los tradicionalistas&rdquo;.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Este don de congeniar con los m&aacute;s sencillos &mdash;de hablarles claro y sacarlos del error, de entusiasmarlos en la recuperaci&oacute;n de los valores superiores&mdash; le ven&iacute;a desde sus a&ntilde;os de fogueada juventud. Una de esas cientos de an&eacute;cdotas a las que antes alud&iacute;amos, y que est&aacute;n ligadas &iacute;ntimamente a su memoria, nos lo recuerda discutiendo en plena calle con un empecinado marxista. Ante la ausencia de argumentos &mdash;pues le hab&iacute;an sido prolijamente refutados&mdash; el contrincante no encuentra otra f&oacute;rmula de ataque que el cansado latiguillo del elitismo y del se&ntilde;oritismo burgu&eacute;s. Pero entonces sucedi&oacute; lo imprevisto: desde un cami&oacute;n de recolecci&oacute;n de residuos no de los sofisticados de ahora sino de los ennegrecidos de anta&ntilde;o&mdash; un morocho fierazo reconoci&oacute; a Alberto Ezcurra. Lo llam&oacute; por su nombre y por su jerarqu&iacute;a en la militancia nacionalista, clav&oacute; el brazo en lo alto y viv&oacute; estent&oacute;reamente a la patria. La discusi&oacute;n acab&oacute; exitosamente por razones de fuerza mayor. Prefiguraci&oacute;n brocheriana de lo que vendr&iacute;a. Le caben los versos del Padre Trivi&ntilde;o:</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&ldquo;La vida &lsquo;el hombre es pelea</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-dec&iacute;a Job el paciente-</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;el cristiano a veces siente</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;cansaduras y flojeras, </p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;en las figuras se&ntilde;eras</p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;uno apriende a ser valiente&nbsp;<br />&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Junto a este don le hab&iacute;a sido dado otro no menos llamativo: el de la palabra fogosa. No la expresaba en el coloquio donde su tono bajo y confidente era indicio de una cultivada discreci&oacute;n y de un pudor se&ntilde;orial ajeno a toda ostentaci&oacute;n. Pero estallaba vibrante y sonora en el magisterio p&uacute;blico. Di&aacute;fana y palpitante, cargada de razones y emociones, punzante y esperanzadora, sabia en doctrina y en consignas morales. Sabido es por quienes lo siguieron de cerca, que muchas de sus homil&iacute;as arrancaban aplausos espont&aacute;neos y prolongados, que &eacute;l &mdash;orador sagrado ante todo&mdash; trataba de evitar in&uacute;tilmente por respeto al recogimiento del templo. Pero era dif&iacute;cil sustraerse a la pasi&oacute;n cristiana y argentina de su particular elocuencia. Todav&iacute;a hoy, en el <em>Carmelo</em> de la calle Charcas ,en la Parroquia de San Nicol&aacute;s de Bari y en la Bas&iacute;lica del Pilar, una feligres&iacute;a asombrada se sigue preguntando qui&eacute;n era ese cura que los sacaba del letargo y del pacifismo cada vez que enarbolaba sus homil&iacute;as como un estandarte en la Cruzada.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As&iacute; habr&aacute; que recordarlo: ap&oacute;stol y misionero, juglar de Cristo Rey y maestro de novicios, por quienes pregunt&oacute; con insistencia &mdash;ya en estado inevitablemente ag&oacute;nico&mdash; cuando la voz se le quebraba con la vida. Sacerdote para siempre, en la c&aacute;tedra y en el confesionario, en el altar y en la pl&aacute;tica, en la capellan&iacute;a y en la vigilia ante el Sagrario; visitando amigos en la prisi&oacute;n o recorriendo gremios en actitud pastoral. Confortando enfermos y predicando retiros.&nbsp;<br />&nbsp;<br /></p><p align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>- IV -</strong>&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero sin mengua alguna de esta condici&oacute;n sacerdotal &mdash;que insistimos en resaltar como preeminente&mdash; hay otro rasgo capital en la personalidad de Alberto Ezcurra que no vemos por qu&eacute; deba ser omitido. Se trata, como es obvio, de su encuadramiento activo en las filas del nacionalismo. El mismo lo convirti&oacute; en s&iacute;mbolo y en leyenda y fue objeto incesante de los m&aacute;s dispares comentarios. Hasta dos meses antes de su muerte, la publicaci&oacute;n de un conocido lun&aacute;tico que medra con nuestra historia, le dedicaba unas p&aacute;ginas al m&iacute;tico Jefe de <em>Tacuara</em>. Los enemigos sol&iacute;an resaltarlo y recordarlo para desacreditar su obra y su figura; y los amigos &mdash;seg&uacute;n fas preferencias&mdash; miraban aquel pasado con &ldquo;imperdonable&rdquo; a&ntilde;oranza o con una t&aacute;cita solidaridad a la distancia.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y sin embargo no parecer&iacute;a ser as&iacute; para &eacute;l. Ni aquella peculiar jefatura pol&iacute;tica le pesaba como una culpa, ni ve&iacute;a en la militancia una conducta pret&eacute;rita. Era fiel a s&iacute; mismo, y como quer&iacute;a Le&oacute;n Degrelle, andaba recto y sin ceder en nada, firme con sus anhelos y con los d&iacute;as de su juventud. &ldquo;Ni me olvido ni me arrepiento&rdquo;, repet&iacute;a cada vez que cuadraban las circunstancias, y cuando a fines de 1991 tuvimos ocasi&oacute;n de hablar juntos sobre el libro de su ilustre padre: <em>Nacionalismo y Catolicismo</em>, arranc&oacute; v&iacute;tores en el veterano auditorio con sus definiciones tajantes y su convocatoria a la reconquista nacional. Antes &mdash;&iexcl;c&oacute;mo olvidarlo!&mdash; hab&iacute;a pronunciado su notable responso frente a los restos repatriados del Restaurador. Los que segu&iacute;amos sus palabras tras los muros de la Recoleta podemos dejar constancia del arrebato patri&oacute;tico que suscitaron. Un frenes&iacute; de banderas coron&oacute; la ovaci&oacute;n de aquel gent&iacute;o que, al fin, en medio de tanta hibridez oficial, recibi&oacute; los &uacute;nicos conceptos que se deb&iacute;an escuchar en semejante d&iacute;a. Alberto Ezcurra era otra vez el due&ntilde;o de la calle. Y el hombre era otra vez &eacute;l m&aacute;s su leyenda.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mucho se viene publicando sobre el nacionalismo en los &uacute;ltimos tiempos. El tema se ha puesto enfermizamente de moda, y los libelos de circunstancia que van apareciendo compiten en ficciones. En todos ellos las referencias <em>Tacuara</em> y a Alberto Ezcurra resultan inevitables. Pero no entienden nada.&nbsp; Roberto Bardini escribe desde la deserci&oacute;n del nacionalismo cat&oacute;lico, Daniel Gutman, Leonardo Senkman o Daniel Lvovich desde la Sinagoga, Sebrelli desde la contranatura, David Rock desde la CIA, Marcelo Larraquy y Roberto Caballero desde el amarillismo period&iacute;stico. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;an desde tan mezquinas perspectivas rozar apenas la intelecci&oacute;n de un alma como la de Alberto Ezcurra? Contestarles sus dislates ser&iacute;a darles la entidad de interlocutores v&aacute;lidos. Quede apenas se&ntilde;alada nuestra protesta, y sigamos adelante.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Porque algo quiso decimos el Se&ntilde;or con su vida. Y bien podr&iacute;a ser &mdash;entre tantas cosas&mdash; el que comprendamos definitivamente que son posibles la Fe y la Milicia, la Adoraci&oacute;n y la Acci&oacute;n, la Espada y la Cruz, el amor a Dios y el amor a la Patria. Que es posible &mdash;como &eacute;l mismo lo escribi&oacute; hablando de su admirado Codreanu&mdash; la regeneraci&oacute;n de las naciones cristianas sometidas, si se advierte que &ldquo;la lucha no puede ser meramente pol&iacute;tica&rdquo;. Es necesario para instaurar el Orden Nuevo, formar al hombre nuevo del que nos habla el Ap&oacute;stol. Y ese hombre nuevo no se labra desde la sociolog&iacute;a sino desde la teolog&iacute;a. Se forma en la contemplaci&oacute;n del Santo y del M&aacute;rtir, del M&iacute;stico y del Profeta; en la imitaci&oacute;n asc&eacute;tica de las conductas heroicas, en la disciplina de la oraci&oacute;n y del sacrificio, del trabajo y del combate. <em>&ldquo;Cuando un pueblo es arrastrado por sus gobernantes a la corrupci&oacute;n... no queda para la reconquista otro camino que el de la Cruz y el del martirio... El mal no se agota en las formas externas de un sistema pol&iacute;tico falso o injusto: tiene ra&iacute;ces en el orden sobrehumano del esp&iacute;ritu. Por ello s&oacute;lo tiene sentido una lucha que abarque toda la complejidad de estos distintos aspectos&rdquo;.</em> Son palabras suyas que lo contestan todo. Y que descifran el misterio &mdash;si a&uacute;n permanece tal para alguien&mdash; de por qu&eacute; Alberto Ezcurra abraza la universalidad del sacerdocio sin olvidarse jam&aacute;s de esta singular Argentina. De por qu&eacute; su concepci&oacute;n de la pol&iacute;tica y de la guerra pendiente por el honor nacional, no pod&iacute;a sino conducirlo a la Vi&ntilde;a del Padre, para sembrar y cosechar all&iacute;, abundantemente, los m&aacute;s altos y preciados frutos. Para &eacute;l parecen escritos los versos de Verlaine que tradujera Castellani, hablando de la convergencia de los amores a Dios y a la Patria: &ldquo;. . .y si es crucificado y verdadero, ya son un solo amor, ya no son dos...&rdquo;. Y bien podr&iacute;a escribirse sobre su tumba aquello de Marechal que conoc&iacute;a de memoria: &ldquo;Yo siempre fui un patriota de la tierra y un patriota del Cielo&rdquo;.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En 1992, hablando postreramente en Buenos Aires, volvi&oacute; a ratificar su doble condici&oacute;n de cat&oacute;lico y nacionalista. Era en una fecha a su medida: el 20 de noviembre; y s&oacute;lo su enorme fortaleza y su abundante generosidad le permitieron sobreponerse a las limitaciones f&iacute;sicas y darle con su prestigio un espaldarazo de maestro y amigo a m&iacute; libro <em>El deber cristiano de la lucha, </em>que le hab&iacute;a pedido me presentara junto al Coronel Guevara. Much&iacute;sima gente se hab&iacute;a congregado para escucharlo, en el viejo sal&oacute;n de la <em>Asociaci&oacute;n Patri&oacute;tica Espa&ntilde;ola.</em> Se sab&iacute;a, se present&iacute;a a rega&ntilde;adientes que, salvo milagro, ser&iacute;a aquella la &uacute;ltima vez que podr&iacute;a hablar p&uacute;blicamente en su ciudad natal. Un viejo y leal camarada, el &ldquo;Chiche&rdquo; Lapadula hab&iacute;a empapelado el centro anunciando el acto. Otro entra&ntilde;able camarada, Jos&eacute; Mar&iacute;a Trelles, hab&iacute;a editado el libro, corriendo con los riesgos, como siempre. Entonces tom&oacute; la palabra Alberto y dijo en un momento, pausada y en&eacute;rgicamente: <em>&ldquo;Ya no soy joven y estoy enfermo, pero si hay alg&uacute;n motivo por el cual podr&iacute;a pedirle a Dios que me prolongue la vida ser&iacute;a solamente por esto: para seguir luchando. Porque vale la pena luchar y tenemos esa obligaci&oacute;n&rdquo;</em>. Todos supimos, sin decirlo, que era la despedida y a la vez el legado. En mi vida he vuelto a escuchar un aplauso tan prolongado. Aquellas palmas eran las manos amigas que le hac&iacute;an saber de este modo que estaban con &eacute;l hasta el final.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pues &eacute;sto nos ha dejado el Padre Alberto Ezcurra. El ejemplo de una trayectoria &eacute;pica, alegre y clara; el modelo de una contienda viril al estilo de los caballeros templarios. Como el Cid Campeador al Abad Don Jer&oacute;nimo podr&iacute;a decirse de &eacute;l: &ldquo;&iexcl;Dios, qu&eacute; bien lidiaba!&rdquo;. Y en tanto la causa ejemplar produce efectos de vida y de esp&iacute;ritu que sobrepasan los lindes del cuerpo y de la materia, debe afirmarse con certeza que Dios ha escuchado su pedido, le ha prolongado la vida. Est&aacute; junto a nosotros, como siempre, presente en nuestro af&aacute;n.</p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&ldquo;Sin duda al llegar al Cielo vio a los muertos de Obligado que lo estaban esperando. Y en el celeste prado florecieron las estrellas federales y los ceibos&rdquo;. Y habr&aacute; visto a Jos&eacute; Antonio y al Capit&aacute;n Legionario. A los ca&iacute;dos de Malvinas y a los soldados de todas las guerras justas que exaltara. A los maestros de la Realeza de Cristo y de la Esclavitud Mariana. A los testigos de la Fe hasta el derramamiento de sangre y a los Caudillos del buen combate y de la recta doctrina. Habr&aacute; visto cara a cara la Luz y la Gracia. Y &aacute;ngeles con tacuaras le salieron al encuentro para ratificar en lo Alto el juramento aqu&eacute;l que pronunciara aqu&iacute; abajo: &ldquo;Juro con el coraz&oacute;n y el brazo se&ntilde;alando el testimonio de Dios, defender con mi vida y con mi muerte los valores permanentes de la Cristiandad y de la Patria&rdquo;.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No es comprensible entonces que a alguno se le escape, siquiera por rutina, la cansada expresi&oacute;n aplicada a los difuntos: &ldquo;&iexcl;Pobre Padre Ezcurra!&rdquo;. Bienaventurado Padre Ezcurra y pobres de nosotros si no somos capaces de merecer su destino.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora descansa su cuerpo sobre la tierra de San Rafael. Pasar&aacute;n las estaciones y las siembras, las fiestas de la Ascenci&oacute;n y las de la llegada del Par&aacute;clito. Pasar&aacute;n los trigales y los vi&ntilde;edos sobre los campos y los c&aacute;lices. Vendr&aacute;n nuevos y antiguos sacerdotes que sentir&aacute;n su nombre entre campanas.&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero un d&iacute;a &mdash;cuando el Se&ntilde;or de las Batallas disponga la Ultima Avanzada&mdash; llegar&aacute; hasta su tumba la canci&oacute;n entra&ntilde;able que lo convoque de nuevo a la marcha que nunca abandon&oacute;. Y sentir&aacute; sus sones repitiendo:&nbsp;<br /></p><p align="center">&ldquo;Despierta camarada, que fresca de roc&iacute;o</p><p align="center">la voz de los clarines te llama a tu deber.</p><p align="center">La media luz del alba ya alumbra los caminos:</p><p align="center">&iexcl;Despierta Camarada! Lleg&oacute; el amanecer.&rdquo;&nbsp;<br /></p><p align="justify">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como tal vez sea cierto que en v&iacute;speras de su viaje, haya dicho lo que supuse en un poema que le&nbsp; escrib&iacute; extra&ntilde;ando su irreemplazable presencia:&nbsp;<br />&nbsp;<br /></p><p align="center">Todo est&aacute; bien, me he puesto la sotana.</p><p align="center">El rosario se anuda entre mis dedos</p><p align="center">y el vi&aacute;tico me alcanza para el viaje.</p><p align="center">La clase ya fue dada, quedan libros</p><p align="center">entre estampas, recuerdos y cigarros.&nbsp;<br /></p><p align="center">Todo est&aacute; bien, incluso esta madera</p><p align="center">que bordea mi cuerpo y lo amortaja.</p><p align="center">Los rezos que sin llanto me despiden.</p><p align="center">Hago memoria: hay pan y un misal viejo.</p><p align="center">Dej&eacute; lista la misa de ma&ntilde;ana.</p><p align="center">Una vez m&aacute;s dir&eacute; que yo no escribo.</p><p align="center">La homil&iacute;a y la arenga se improvisan</p><p align="center">como el <em>Ave Mar&iacute;a</em> y el <em>Magnificat</em>.</p><p align="center">Todo est&aacute; bien, llegaron camaradas.</p><p align="center">Conservan la bandera y el saludo,</p><p align="center">esa costumbre de tomar cerveza,</p><p align="center">discutir en voz alta, acalorarse,</p><p align="center">,caminar marcialmente aunque los a&ntilde;os</p><p align="center">crujan como un nav&iacute;o a la intemperie.</p><p align="center">Aqu&iacute; en San Rafael el sol flamea</p><p align="center">-parece un estandarte al mediod&iacute;a-.</p><p align="center">La Ascenci&oacute;n del Se&ntilde;or tuvo su fiesta.</p><p align="center">Pentecost&eacute;s me espera, ya en la Casa.&nbsp;<br /></p><p align="center">Todo est&aacute; bien, amigos, la liturgia,</p><p align="center">la unci&oacute;n de los enfermos, el recaudo</p><p align="center">de colocar a modo de epitafio</p><p align="center">la consigna de Job, marechaliana.</p><p align="center">Am&eacute; la tierra en su ra&iacute;z antigua.</p><p align="center">Serv&iacute; a los pobres cuando no era moda.</p><p align="center">Cant&eacute; caudillos en la eneida patria.</p><p align="center">No me perdonan el responso a Rosas.&nbsp;<br /></p><p align="center">Todo est&aacute; bien. Sirvieron el pescado</p><p align="center">picante,con el vino en damajuanas.</p><p align="center">Ayer de Paran&aacute; o de Buenos Aires</p><p align="center">dos vocaciones nuevas me llamaron.&nbsp;<br /></p><p align="center">Todo est&aacute; bien, ya vienen, ya me cargan</p><p align="center">(no parezco pesado esta ma&ntilde;ana).</p><p align="center">El cementerio tiene vista al cielo.</p><p align="center">He dejado un licor para la vuelta.&nbsp;<br />&nbsp;<br /></p>]]></description><pubDate>Thu, 22 Jun 2006 14:46:00 +0000</pubDate></item><item><title>El Padre Meinvielle y la Patria</title><link>https://caponnetto.blogia.com/2006/062204-el-padre-meinvielle-y-la-patria.php</link><guid isPermaLink="true">https://caponnetto.blogia.com/2006/062204-el-padre-meinvielle-y-la-patria.php</guid><description><![CDATA[<p align="justify"><strong>El ser de la patria</strong>&nbsp;<br /></p><p align="left">En las p&aacute;ginas de una obra suya escrita en 1940, a la que titul&oacute; esperanzadamente <em>Hacia la Cristiandad,</em> el Padre Julio Meinvielle explica con propiedad teol&oacute;gica cu&aacute;l es el origen hist&oacute;rico del Occidente Cristiano.</p><p align="left">Tres ap&oacute;stoles, nos dice, Pedro, Juan y Santiago, fueron especialmente distinguidos por el Se&ntilde;or. A ellos llam&oacute; con nombres significativos y ubic&oacute; en sitiales particulares. A ellos quiso revelar su gloria en el Tabor y confiar su agon&iacute;a en Getseman&iacute;. Y en ellos, que est&aacute;n representadas y encarnadas las tres virtudes teologales, se encuentra la ra&iacute;z y el n&uacute;cleo de la <em>Christianitas</em>.&nbsp;<br />&nbsp;</p><p align="left">Decir <em>Pedro </em>es decir <em>Roma</em> y nombrar la <em>Fe</em>. <em>Santiago</em> es la <em>Esperanza</em> y es <em>Espa&ntilde;a</em>, fuerte e indoblegable, precisamente por su sentido heroico de la esperanza. Y <em>Juan</em> es la <em>Caridad,</em> y la caridad abraz&oacute; a <em>Francia</em> con la misi&oacute;n de San Potino que envi&oacute; San Policarpo m&aacute;rtir, disc&iacute;pulo de Juan. Por eso Pedro, Santiago y Juan; Fe, Esperanza y Caridad; Roma, Espa&ntilde;a y Francia, son profundas y olvidadas trilog&iacute;as que explican el origen y la cumbre de nuestros or&iacute;genes, y que se hallan substancialmente &iacute;nsitas en nuestra identidad nacional.&nbsp;<br /></p><p align="left">Quiere significar lo antedicho, entonces, que estas tierras americanas nuestras, en cuyo v&eacute;rtice austral est&aacute; enclavada la Argentina, naci&oacute; &ndash;gracias a Espa&ntilde;a- como una rama viva de la Cristiandad. Pero la Cristiandad &ndash;sigue ense&ntilde;ando Meinvielle- es Cristo adorado y servido p&uacute;blicamente, es el ordenamiento de la vida temporal bajo la principal&iacute;a del Se&ntilde;or, es vivir de acuerdo al Evangelio y conformar a las sabias e imprescriptibles ense&ntilde;anzas de la C&aacute;tedra de la Unidad, toda la vida de los estados nacionales. Va de suyo que si la patria quiere ser fiel a sus d&iacute;as fundacionales, no puede sino bregar por la Cristiandad, abriendo sin temores y de par en par las puertas al Redentor, como dir&iacute;a Juan Pablo II. &nbsp;<br /></p><p align="left">En consecuencia, el ser m&aacute;s &iacute;ntimo y m&aacute;s hondo de la patria no hay que buscarlo en brumosas ideolog&iacute;as, ni en desencaminados indigenismos, ni en jacobinas revoluciones, sino en la Civilizaci&oacute;n Cristiana, o por m&aacute;s augusto nombre, en la <em>Ciudad Cat&oacute;lica.</em> Y si recordamos &ndash;como insiste el Padre Meinvielle- que nuestra Madre Espa&ntilde;a, la que nos dar&iacute;a este <em>ser</em>, fue &ldquo;conquistada a Jesucristo por Santiago&rdquo;, justo es recordar asimismo que Santo Tom&aacute;s ha llamado a aquel ap&oacute;stol <em>procipuus debellator adversariorum Dei, </em>esto es, principal luchador contra los enemigos de Dios. &iquest;Puede alguien no entender este claro mensaje de los or&iacute;genes patrios? &iquest;Puede alguien moralmente sano desentenderse de este legado que nos viene de los d&iacute;as del principio?&nbsp;<br /></p><p align="left">Lo que Meinvielle viene a predicarnos en suma, es que nacimos cat&oacute;licos, apost&oacute;licos y romanos, con vocaci&oacute;n imperial &ndash;como la que tuvo Hispania; esto es, evangelizadora de pueblos- y con misi&oacute;n de luchadores intr&eacute;pidos, como el Jacobeo a quien Jes&uacute;s llam&oacute; Boanerges, hijo del trueno, y llama, lumbre y v&eacute;rtigo en el impetu misionero.&nbsp;<br />&nbsp;<br /><strong>El estar de la patria</strong>&nbsp;<br /></p><p align="left">Pero el Padre Julio no se enga&ntilde;aba, ni enmascaraba o dilu&iacute;a la dura realidad de la patria enferma que le toc&oacute; presenciar. Sufr&iacute;a por ella, como ante una madre que se desangra y agoniza. &ldquo;La patria fue su herida&rdquo;, d&iacute;jole el Padre Sato. Y acertaba.&nbsp;<br />&nbsp;</p><p align="left">En una de sus tantas conferencias pol&iacute;ticas pronunciada en los albores de la d&eacute;cada del sesenta &ndash;movida por el fragor de las circunstancias, es cierto, pero iluminada con la filosof&iacute;a perenne- Meinvielle llam&oacute; Guerra Revolucionaria al mal mayor que aquejaba a la naci&oacute;n. Y la denominaci&oacute;n es pertinente y adecuada, porque esa guerra, seg&uacute;n nos lo explica, empieza por negar &ldquo;los derechos p&uacute;blicos de la Verdad,y los de la tradici&oacute;n aut&eacute;ntica de la Europa Cristiana&rdquo;. Se trata entonces de una cuesti&oacute;n primeramente religiosa, de esas que Donoso Cort&eacute;s invitaba a encontrar detr&aacute;s de toda aparente cuesti&oacute;n pol&iacute;tica.&nbsp;<br /></p><p align="left">La maldita revoluci&oacute;n as&iacute; definida, ten&iacute;a en cautiverio a la Argentina. Y el Padre Meinvielle no hac&iacute;a acepci&oacute;n de personas al se&ntilde;alarla y combatirla. Bajo la llamada d&eacute;cada infame o bajo el frondizismo, con el peronismo y sin &eacute;l, con los militares populistas o con los liberales, con los azules o los colorados. Cambiaban los hombres y las denominaciones eventuales, pero el motor de esa Revoluci&oacute;n Mundial segu&iacute;a siendo localizable en la judeomasoner&iacute;a, y el motor de esta fuerza segu&iacute;a siendo el odio a Jesucristo. Hacer lo contrario de la Revoluci&oacute;n era, pues, la salida y el camino, si de rescatar a la patria se trataba. No una revoluci&oacute;n contraria, dir&iacute;a de Maistre, sino lo contrario de la Revoluci&oacute;n.&nbsp;<br /></p><p align="left">Escuchemos directamente sus palabras. &ldquo;Los cimientos m&aacute;s profundos de nuestra naci&oacute;n son cristianos, y los males que nos aquejan son desviaciones anticristinas [...] La primera virtud que nos hace falta en esta coyuntura es la fortaleza. Tener la voluntad de querer salir del estado de postraci&oacute;n en que nos encontramos. Esa voluntad ha de estar arraigada[...] al menos en un grupo de argentinos dispuestos a la muerte por el bien de la patria [...] Un nacionalismo, hoy, s&oacute;lo puede ser salvador de la patria si tiene capacidad y empuje para remontar la pendiente por donde viene desliz&aacute;ndose al abismo la humanidad. Y s&oacute;lo los valores cristianos vividos aut&eacute;nticamente, contienen esa fuerza [...] La Patria no se puede salvar sino con un acto de heroismo que tenga capacidad para remontar la pendiente por donde nos deslizamos&rdquo; (cfr. su <em>El Comunismo en la Argentina</em>,Buenos Aires, Dictio, 1974, p.490,488,,485).&nbsp;<br /></p><p align="left"><strong>De la Cristiandad a Versailles</strong>&nbsp;<br /></p><p align="left">Bien aprendido ten&iacute;a el Padre Julio, aquel mensaje evang&eacute;lico, seg&uacute;n el cual, <em>quien es fiel en lo poco ser&aacute; en lo mucho fiel.</em> Por eso, sus indicaciones sobre el<em> ser </em>y el <em>estar </em>de la patria, y principalmente sus ense&ntilde;anzas sobre el rescate necesario y urgente de la misma, no se quedaban en el terreno siempre l&iacute;cito de las especulaciones o de las grandes y necesarias convocatorias pol&iacute;ticas.&nbsp; Se volcaban a la acci&oacute;n, se traduc&iacute;an en obras, se expresaban en bienes tangibles. Y a cada paso de su vida sacerdotal parece decirnos con gestos concretos, que no se puede amar a la patria sino se&nbsp; empieza amando la cuadra en la que se vive, el barrio en el que se habita, la parroquia que se frecuenta, la vecindad de carne y hueso con la que convivimos a diario. &nbsp;<br /></p><p align="left">As&iacute; lo hizo, por ejemplo, desde <em>Nuestra Se&ntilde;ora de la Salud,</em> campo propicio que Dios le pusiera en su camino, para probar con creces esta fidelidad cat&oacute;lica y argentina, esta posibilidad cierta de edificar la cristiandad en el pago chico, este irrenunciable af&aacute;n de ser patriota de la tierra y patriota&nbsp; del cielo. &ldquo;Para Meinvielle&rdquo; &ndash;dice Fabi&aacute;n Gonz&aacute;lez Arbas- &ldquo;las fechas y los s&iacute;mbolos patrios ten&iacute;an un alto significado c&iacute;vico y no pasaron nunca inadvertidos. A decir verdad, buena parte de la formaci&oacute;n que [la parroquia Nuestra Se&ntilde;ora de] <em>La Salud</em> brindaba a trav&eacute;s del m&eacute;todo <em>scout</em> estaba&nbsp; dirigida a resaltar los valores nacionales y el amor a la patria&rdquo;&nbsp; (Cfr. <em>Los scouts de Meinvielle</em>,Buenos Aires, Profika, 2001, p. 139). Y a continuaci&oacute;n, el autorizado y fiel testigo que esto relata, describe el festejo del 25 de mayo de 1944, con misa de campa&ntilde;a, toque de tambores y clarines, bandera desplegada e izada hasta el tope, y un concurso varonil del que &ldquo;resultaba ganador el que armaba primero el m&aacute;stil e izaba el pabell&oacute;n nacional&rdquo; (ibidem, p. 140). Olvidada pedagog&iacute;a del patriotismo cristiano. Traicionada pastoral vertebrada en la<em> pietas,</em>sin la cual no hay justicia alguna.&iexcl;Qu&eacute; nostalgia al traerla nuevamente a la memoria, cuando arrecian tiempos crepusculares!&nbsp;<br /></p><p align="left">En este a&ntilde;o del centenario del natalicio del Padre Meinvielle, en este mes de julio que contiene la festividad de la Independencia, y en esta hora de tinieblas, de una espesura como pocas veces se han ense&ntilde;oreado sobre la Argentina, nos place evocar as&iacute; al maestro. Entre tambores y clarines. Como p&aacute;rroco de la Cristiandad, atendiendo a Occidente desde el humilde Versailles. Como defensor de nuestra <em>unidad de destino en lo Universal .</em>La cruz en una mano, y bien al tope el pabell&oacute;n azul y blanco</p>]]></description><pubDate>Thu, 22 Jun 2006 14:36:00 +0000</pubDate></item><item><title>Christus natus est</title><link>https://caponnetto.blogia.com/2006/062203-christus-natus-est.php</link><guid isPermaLink="true">https://caponnetto.blogia.com/2006/062203-christus-natus-est.php</guid><description><![CDATA[<p>&iquest;Nacer&aacute;s en la noche, si ella niega el lucero?<br />&iquest;Nacer&aacute;s en la tierra que desecha al pesebre,<br />sin j&uacute;bilo visible que tu gloria&nbsp; celebre<br />y pastores ajenos a la Cruz y al acero?</p><p>&iquest;Naceras en la patria de guerreros ausentes,<br />de sabios desterrados, de honores fugitivos?<br />&iquest;Nacer&aacute;s entre tantos corazones cautivos,<br />desertores del cielo, de la gracia indolentes?</p><p>&iquest;Nacer&aacute;s en el cruce del solar argentino<br />a&uacute;n cuando consiente que tu nombre se&nbsp; ultraje?<br />&iquest;Nacer&aacute;s a sabiendas de que ya no hay ropaje<br />que cobije tu carne y aguarde tu destino?</p><p>Yo s&eacute; que nacer&aacute;s, Se&ntilde;or. El &aacute;ngel mira<br />los ojos de tu Madre mientras canta laudante<br />la alegre epifan&iacute;a del amor navegante,<br />cruza al aire las manos o un h&aacute;gase suspira.<br />&nbsp;<br />Nacer&aacute;s porque Dios sabe cumplir su pacto.<br />Porque queda en la guardia un sue&ntilde;o que desvela,<br />y aguardando la aurora, queda un fiel centinela<br />con la esperanza firme y el pabell&oacute;n&nbsp; intacto.</p>]]></description><pubDate>Thu, 22 Jun 2006 14:32:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
